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Listen to MARIA MADRE DE LA IGLESIA by VICTOR MANUEL MP3 song. MARIA MADRE DE LA IGLESIA song from VICTOR MANUEL is available on Audio.com. The duration of song is 05:33. This high-quality MP3 track has 1217.993 kbps bitrate and was uploaded on 20 May 2024. Stream and download MARIA MADRE DE LA IGLESIA by VICTOR MANUEL for free on Audio.com – your ultimate destination for MP3 music.










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The transcription talks about the decision of Pope Francis to celebrate the memory of the Virgin Mary, Mother of the Church. It emphasizes the role of Mary as the mother of Jesus and how her motherly attitude accompanies Jesus throughout his life. The Church is also referred to as a mother, and it is important for the Church to have a feminine attitude of tenderness and care. The transcription highlights the importance of the feminine aspect in both the Church and individual souls. Forgetting the value of the feminine diminishes our humanity and neglecting women leads to a male-dominated and loveless Church. The transcription encourages embracing the feminine qualities and becoming mothers to others. Palabra de vida hoy, memoria de Santa MarĂa, Madre de la Iglesia. Hoy, hablemos en femenino. Por decisiĂłn del Papa Francisco, celebramos en la fecha de hoy, desde el 2018, la memoria de la Virgen MarĂa, Madre de la Iglesia. En los Evangelios, cada vez que se habla de MarĂa, se habla de la Madre de JesĂşs. La actitud de la Madre acompaña su obrar durante toda la vida de JesĂşs, tanto que al final, JesĂşs la da como Madre a los suyos en la persona de San Juan. Las palabras de la Virgen son palabras de Madre, siempre está con el Hijo, lo hace crecer, lo crĂa, lo educa y luego le sigue. MarĂa es Madre desde el principio y asĂ se la percibe y nombra hasta el final. Los padres de la Iglesia lo entendieron muy bien, igual que entendieron que la maternidad de MarĂa no acababa en ellas, sino que va más allá. MarĂa es Madre, la Iglesia es Madre, tu alma es Madre. En esa dimensiĂłn que viene de MarĂa, Madre de la Iglesia, podemos comprender la dimensiĂłn femenina de la Iglesia, que cuando falta, pierde su verdadera identidad y acaba en una enorme asociaciĂłn de beneficencia o en una agrupaciĂłn ritual sazonada de afanes de autoafirmaciĂłn, poder y carrerismo. La Iglesia no es mujer, como tampoco serĂa razonable decir el pueblo de Dios es varĂłn. Vayamos más a lo profundo y sin aferrarnos rĂgida ni ideolĂłgicamente a las categorĂas de lo masculino y de lo femenino, recordemos las palabras del dominico alemán maestro Eckart, cuando decĂa, el alma es mujer. En esta lĂnea debemos hacer profesiĂłn de fe en una Iglesia que sĂ es femenina, porque es Iglesia, esposa y es Madre, que gesta y da a luz. Esposa y Madre, y los padres de la Iglesia, a los que tanto miraba el citado dominico alemán, miran aĂşn más allá. TambiĂ©n tu alma es esposa de Cristo y Madre. La maternidad de MarĂa es algo muy grande, Dios quiso nacer de mujer para recordarnos la importancia de lo femenino, para llegar a ser plenamente humanos y procesualmente santos. En los profetas del Antiguo Testamento se expresa cĂłmo Dios se enamorĂł de su pueblo como un esposo de su esposa. Cuando Dios se desposa con su pueblo, lo hace con el alma de cada miembro del pueblo, y cuando Jesucristo se presenta como el esposo, lo es de la Iglesia, y en ella, del alma de cada uno de los que son hijos de ella. Es importante, esencial, que la Iglesia tenga actitud de esposa y de madre, y en ella, todos los que se unen a Cristo por el bautismo, desde esa vivencia de la espiritualidad que sobrepasa las categorĂas de gĂ©nero y nos une a Jesucristo en Ăntima comuniĂłn. Sesenta años antes que Eckart, y desde Cis, cuando la Iglesia se estaba tratando de reformar profundamente a sĂ misma, con una cruzada eucarĂstica interna contra los errores de los movimientos laicales pauperĂsticos, y la tibieza particularmente del clero, un varĂłn, de nombre Francisco, escribiĂł estas lĂneas. Sobre todos los que viven en la voluntad de Dios reposará el espĂritu del Señor, y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo. Somos esposos cuando por el EspĂritu Santo el alma fiel se une a Jesucristo. Somos ciertamente hermanos cuando hacemos la voluntad de su Padre que está en el cielo. Madres cuando lo llevamos en nuestro corazĂłn y en nuestro cuerpo por el amor y con una conciencia pura y sincera, y lo damos a luz por las obras santas que deben iluminar a los demás como ejemplo. Cuando olvidamos el valor de lo femenino nos hacemos menos humanos, y como cristianos cuando le damos la espalda a la mujer con condescendencia o manipulaciĂłn hacemos una iglesia masculina de solterones que viven en aislamiento, incapaces de amor, incapaces de fecundidad. La ternura es la actitud de una iglesia que se sabe esposa y se siente madre, y tambiĂ©n el alma. Cada persona que vive su pertenencia a la iglesia madre debe ir por la misma senda de mansedumbre, ternura, cuidado, solicitud, acogida. MarĂa, Madre, la iglesia, Madre, nuestra alma, Madre. Pensemos en la iglesia madre a imagen de la Madre de Dios y dejemos que el EspĂritu Santo nos fecunde a nosotros para ser tambiĂ©n nosotros madres de los demás. Ese es el camino de MarĂa y la senda por la que aprender a hacer del genio femenino el motor para que el principio mariano de la iglesia recupere junto al principio petrino la centralidad que por la complementariedad hará mejores a ambos. Paz y bien con un deseo profundo de comuniĂłn de parte de vuestros hermanos menores desde TĂłledo.
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