

El ministerio HASTA QUE EL DIA SEA PERFECTO le hace la sana invitaciĂłn a escuchar y compartir hoy y ahora la serie Ahora es la Hora. Juntos reflexionemos sobre la verdad de la oraciĂłn y sus componentes. Nuestro invitado lo es el pastor Eliseo Charleston, Domingo R. Nisbett, Jr.
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¡Cantando! Dame un nuevo corazĂłn Que te alabe noche y dĂa Dame un nuevo corazĂłn Oh JesĂşs, TĂş eres mi guĂa Dame un nuevo corazĂłn Y que sea morada tuya Dame un nuevo corazĂłn Dame un nuevo corazĂłn Cada dĂa La oraciĂłn es la actividad más sublime del alma humana Y por lo tanto, es al mismo tiempo la prueba máxima de la verdadera condiciĂłn espiritual del hombre. El Ministerio Radial y Podcast, hasta que el dĂa sea perfecto, le invita a escuchar y compartir la serie Ahora es la Hora. Juntos reflexionemos la veracidad y la necesidad de tener una vida de oraciĂłn. Para esta entrega contamos con la voz y experiencia del pastor Eliseo Charleston, Domingo, quien nos instruye desde los Estados Unidos. El hermano Reinaldo Nisbet Jr. y sus colaboradores les esperan con Biblia, papel y lápiz en mano. Y algo más, Ăşnase con la intenciĂłn de aprender. Dios les bendiga, muy buenos dĂas, muy buenas tardes o muy buenas noches a cada uno de ustedes que ha querido, que está reincidiendo en escuchar la oraciĂłn. Y que ha querido que se sientan en la oraciĂłn. Y que se sientan en la oraciĂłn. Y que se sientan en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y que se sienten en la oraciĂłn. Y yo entonces me escondo, guardo silencio, cedo los micrĂłfonos a este pastor para que Ă©l haga lo que tiene que hacer y que Ă©l sea una respuesta del cielo para usted y para mĂ. El Ministerio Radial y Podcast, hasta que el dĂa sea perfecto, le invita a escuchar y compartir la serie Ahora es la Hora. Juntos reflexionemos la veracidad y la necesidad de tener una vida de oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Hoy es el dĂa de la oraciĂłn. Si me buscas yo enjugarĂ© tu llanto cuando muchos no te quieran ayudar. BorrarĂ© tu tristeza y tu quebranto si das tiempo para hablar. En Cristo ahora pongo mis cargas. Él es más que vida en mĂ. Me cambia mi desaliento. Cada dĂa me acompaña a mĂ. Que no oyen la invitaciĂłn al jardĂn de la oraciĂłn. Toma tiempo para hablar. Que Dios le bendiga, que Dios le guarde, que la gracia y el favor del Señor estĂ© con cada uno de ustedes. Les habla su hermano y su amigo, Pastor Eliseo Charleston. Quiero dar gracias a Dios por su amor, por su misericordia en este dĂa y por concederme la oportunidad de poder conversar con cada uno de los oyentes en esta hora sobre la oraciĂłn. Bendito sea el nombre del Señor, uno de los tĂłpicos que nos compete a nosotros los creyentes, la oraciĂłn. Usted sabe que la esencia de la oraciĂłn es simplemente hablar con Dios. Hablar con Dios como usted y yo lo harĂamos con un querido amigo, sin pretensiones, sin ligerezas, solamente establecer una amena conversaciĂłn con Él. Sin embargo, muchos creyentes tenemos problemas con esta actitud de la oraciĂłn. A veces se nos olvida que la oraciĂłn es un camino de doble vĂa. Es decir, que nosotros hablamos con Dios, pero que tambiĂ©n en la oraciĂłn Dios habla con nosotros. ImagĂnese que nosotros, usted va al mĂ©dico, tiene una cita con el doctor, y usted se siente en el consultorio del doctor y comienza a hablar con el doctor y decirle, doctor, mire, estoy aquĂ porque hace una semana que tengo dolor de cabeza. DespuĂ©s, el otro dĂa, tengo dolor en la espalda, no puedo caminar. Cuando me levanto en la mañana, pues me levanto con molestias. Y tambiĂ©n me duele un dedo. Y mire, cuando trato de hablar, no hablo bien. Y asĂ sucesivamente, está usted describiendo y vaciando prácticamente, literalmente, una lista de sus quejas, de sus sentimientos, de los acontecimientos adversos que usted ha pasado y está pasando en su vida, y de las molestias que tiene el cuerpo, y el doctor pacientemente está escuchando, pero de repente, usted mira su reloj y dice, bueno, ya es tarde, ya se está haciendo tarde, y se levanta de la silla del consultorio del mĂ©dico y se va. Cuando no le dio la oportunidad al mĂ©dico de responder, es probable que el mĂ©dico, antes de usted salir, le diga, un momento, le gustarĂa escuchar cuál es la opiniĂłn que tengo. Creo que a nosotros, a muchos de nosotros nos acontece lo mismo. Nosotros vamos donde Dios y vamos con una lista de peticiones delante de su presencia, y cuando se nos acaba la lista, o tal vez no se nos acaba la lista, tal vez tenemos pendiente alguna otra actividad que hacer, pues, y nos levantamos de nuestras rodillas y nos vamos. AsĂ como el que va al mĂ©dico y solamente describe su condiciĂłn sin recibir la respuesta del mĂ©dico, sin recibir las instrucciones que el mĂ©dico pueda darle, los exámenes que el mĂ©dico pueda hacer para determinar quĂ© es lo que está ocasionando las molestias que tiene. Asimismo, nos acontece cuando nosotros nos paramos, una vez que hablamos y hablamos y hablamos delante de la presencia de Dios y nunca escuchamos su voz, nunca nos detenemos a escucharlo a Ă©l. Nunca nos detenemos a escuchar cuál es la opiniĂłn, quĂ© tiene que decir Dios con las peticiones y lo que nosotros le decimos, cuál es la opiniĂłn de Ă©l, cuáles son las instrucciones de Ă©l, cuál es el examen que Ă©l va a hacer, quĂ© obra va a hacer en nosotros para mejorar nuestra condiciĂłn. Por eso, mi querido hermano, hermana, creemos que la oraciĂłn es un camino de doble vĂa. Nosotros sĂ debemos hablar con Dios, establecer una conversaciĂłn, abrir nuestro corazĂłn con toda sinceridad delante de su presencia, pero tambiĂ©n tomar un momento para escuchar y saber quĂ© Dios opina de nuestra condiciĂłn y abrir nuestro corazĂłn para confiar plenamente en lo que Ă©l nos diga hasta el punto que nos sometamos a sus instrucciones para que haya mejorĂa, para que haya cambio, para que haya salud, sanidad, respuesta a nuestras peticiones. Al amanecer de una hermosa mañana, cuando las aves y los cantan al Señor, puedo oĂr una voz que me dice, toma tiempo para hablar. La comuniĂłn con Dios es tan vital y la oraciĂłn es tan efectiva para el cumplimiento del plan de Dios para nosotros. Por esto, el enemigo intenta constantemente introducir errores a nuestro entendimiento y compromiso con la oraciĂłn. La comuniĂłn con Dios es vital y la oraciĂłn es efectiva para el cumplimiento del llamado, del plan, del propĂłsito de Dios para con cada creyente. Si nosotros no oramos, hermano, hermana, si no llevamos una vida de oraciĂłn, pues entonces será imposible ver el cumplimiento del plan de Dios, del propĂłsito de Dios en nuestra vida. La oraciĂłn es la actividad más sublime del alma humana, y por lo tanto es al mismo tiempo la prueba máxima de la verdadera condiciĂłn espiritual del hombre. Oiga bien, la oraciĂłn es la actividad sublime del alma, y tambiĂ©n es la prueba máxima, la prueba verdadera de la condiciĂłn espiritual del hombre. Es decir, que el hombre, el siervo, la sierva de Dios, que no lleva una vida de oraciĂłn, su condiciĂłn espiritual es pobre. No hay nada que diga tanto la verdad sobre nosotros como cristianos que nuestra vida de oraciĂłn. Ya que cuando nosotros oramos, nosotros descubrimos la condiciĂłn real de nuestra vida espiritual, hermano. Porque cuando oramos nos examinamos en privado, y cuando nos examinamos en privado, no hay lugar para la pretensiĂłn, no hay lugar para la hipocresĂa. Por cuanto estamos en privado en la presencia del Señor, abrimos nuestro corazĂłn al EspĂritu Santo, y el EspĂritu de Dios nos revela nuestra condiciĂłn. Por eso es necesario que nosotros sĂ hablemos con Él, pero que tomemos tiempo y nos expongamos en silencio en Su presencia, dándole la oportunidad al EspĂritu Santo que hable y nos enseñe y nos revele nuestra condiciĂłn espiritual, nuestro interior, cĂłmo estamos realmente delante de Dios, dĂłnde nosotros estamos parados espiritualmente hablando. Porque cuando estamos a solas con Dios es que realmente sabemos dĂłnde es que nos encontramos nosotros en el sentido espiritual. ÂżDĂłnde estamos? Porque Dios nos revela nuestra condiciĂłn. Bendito sea el nombre del Señor. Quisiera conversar con ustedes en este momento sobre el modelo de la oraciĂłn, la perspectiva judĂa sobre la oraciĂłn. Por ejemplo, miren, los judĂos del Antiguo Testamento deseaban orar porque ellos creĂan que Dios querĂa que se acercaran a Él. Oiga, el deseo de los judĂos del Antiguo Testamento de orar es porque ellos creyeron y creĂan que Dios querĂa que ellos oraran. Este es un motivo bastante noble para nosotros querer orar, porque nosotros sabemos, nosotros los creyentes sabemos y debemos tener este conocimiento, asĂ como los judĂos del Antiguo Testamento, de que Dios quiere que nosotros oremos, que nosotros establezcamos una conversaciĂłn con Él. Dios está interesado. Por eso Dios dice, y me buscarĂ©is, y me buscarĂ©is, y me hallarĂ©is, porque me buscarĂ©is de todo vuestro corazĂłn. BĂşscame. Y JesĂşs dijo, pedid, y se os dará, buscad y hallarĂ©is. Porque todo aquel que pide recibe, y el que busca halla, y dice, tocad, y se os abrirá, porque todo aquel que toca se le va a abrir. Santo es el Cordero. Dios está interesado de que nosotros oremos. En el Salmo 148, versĂculo 18, la palabra de Dios nos dice, cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan. ÂżDe veras? Ese es el pensamiento de los hermanos en el Antiguo Testamento, de los judĂos del Antiguo Testamento. Eso es en su pensamiento. Ellos están diciendo, Jehová se acerca, Él está cercano a aquellos que lo invocan, a aquellos que lo buscan en oraciĂłn, a aquellos que lo llaman. Oye, la oraciĂłn es invocar, la oraciĂłn es llamar el nombre de Jehová, es buscarle con todo el corazĂłn, de veras, de verdad, acercarme a Él, porque yo sĂ© que a Él le agrada que yo me acerque y que yo hable con Él. Aleluya. Canto el Cordero de Dios. Aleluya. Mi alma te adora, Señor. Aleluya. En Cristo ahora pongo mis cargas, Él es más que vida en mĂ. Me cambia a mĂ desayentos, cada dĂa me acompaña a mĂ. Que no oyen la invitaciĂłn al jardĂn de la oraciĂłn. Toma tiempo, ya. Oiga, los rabinos, los maestros judĂos, creyeron correctamente que la oraciĂłn no era solamente comunicaciĂłn con Dios, sino tambiĂ©n un arma poderosa que liberaba. Mire, un arma poderosa que liberaba su poder, esa arma tan poderosa que puede liberar el poder de Dios a favor de nosotros. Oiga bien, los rabinos creĂan, y nosotros tambiĂ©n tenemos que creer esto. AsĂ como ellos creĂan que a Dios le agrada que nosotros oremos, y nosotros tenemos que creer lo que a Dios le agrada, que nosotros nos acerquemos a Él en oraciĂłn. Ellos tambiĂ©n creĂan que la oraciĂłn es un arma poderosa que libera el poder de Dios, que pone en manifiesto el poder de Dios a favor de su iglesia, a favor de su pueblo, a favor del individuo que se acerca a Él. Bendito sea el nombre del Señor, y el salmista en el Salmo 91, versĂculo 15, nos dice, me invocará y yo le responderĂ©, con Él estarĂ© yo en la angustia, lo librarĂ© y le glorificarĂ©. Oiga bien, este es el pensamiento de los judĂos. El escritor acá del salmista está diciendo que cuando invocamos, si yo invoco, gloria a Dios, el nombre de Jehová, Jehová me responderá, y Jehová va a estar conmigo. En mi angustia, Jehová va a estar conmigo. En mi dolor, Jehová va a estar conmigo. En mis pruebas, en mis vicisitudes, Jehová va a estar conmigo, y Él me librará de todo mal, y Él me glorificará. No solamente me librará, sino que me glorificará. Él me exaltará. Él me pondrá por encima de mis enemigos. Él me pondrá por encima de mis problemas, de mis dificultades, porque Él está conmigo. Mire, y el salmista decĂa, Jehová de los ejĂ©rcitos está con nosotros. Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Oigan la mentalidad de los rabinos, de los judĂos, sobre la oraciĂłn, bendito sea el nombre del Señor. Miren, los judĂos, ellos creĂan tambiĂ©n, que sus oraciones debĂan incorporar los siguientes elementos. Primero, debĂan incorporar la alabanza. En el Salmo 34, oiga bien, oiga bien lo que dice el Salmo 34. BendecirĂ© a Jehová en todo tiempo. Su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se gloriará mi alma, lo irán los mansos y se alegrarán. Engrandeced conmigo a Jehová y exaltemos aĂşn a su nombre. Por aquĂ está el versĂculo 4, dice, busquĂ© a Jehová, la razĂłn por la cual yo voy a bendecir. Yo me comprometo a bendecir a Jehová en todo tiempo. Gloria a su nombre para siempre. La razĂłn por la cual la alabanza estará de continuo en mi boca, es que yo busquĂ© a Jehová y Ă©l me oyĂł y me librĂł de todos mis temores. Gloria a Dios, los que miraron a Ă©l fueron alumbrados y sus rostros no fueron avergonzados. Oye, cuando yo busco a Jehová, Jehová me oye. Aleluya. Yo busquĂ© a Jehová, yo he experimentado esto. Yo busquĂ© a Jehová, Jehová me oyĂł, Jehová me librĂł de todos mis temores. Oye, los que miran a Jehová, ellos no serán avergonzados, sino que sus rostros serán alumbrados. Y dice, este pobre clamĂł y lo oyĂł Jehová y lo librĂł de todas sus angustias. Aleluya. Aleluya. Por eso es necesario incorporar en medio de la oraciĂłn la alabanza, reconociendo que Jehová es aquel que contesta oraciones. Que el que le busca le haya. Que el que clama a Él, Él le responde. Como Él dijo, clama a mĂ y yo te responderĂ©. Aleluya. Aleluya. Aleluya. Aleluya. Gloria a su nombre. Él es más querido en mĂ. Él cambia a mĂ de taliento. Cada dĂa me acompaña a mĂ. Quiero hoy en la invitaciĂłn al jardĂn de la oraciĂłn. Toma tiempo para hablar. Ahora es la hora. Volviste a lograrlo, Señor. Volviste a lograrlo. Eres bueno y poderoso y misericordioso. Y sigues cuidando de mĂ, aunque no lo merezco. Alabado seas, JesĂşs. Eres el Señor. GuĂame hacia quien tĂş quieras que ayude. Levanta a más que se sumen a tus filas. Levantemos a más que te amen y te busquen y confĂen en ti. Levántalos, Señor. Levántalos. Señor, necesitamos una generaciĂłn de creyentes que no se avergĂĽencen del Evangelio. Necesitamos un ejĂ©rcito de creyentes, Señor, que odien ser tibios y que se apoyen en tu palabra antes que nada más. Levántalos, Señor. Levántalos. Te suplico por la unidad de aquellos que te aman. Te suplico que abras sus ojos para que puedan ver tu verdad, Señor. Te suplico tu mano de protecciĂłn y direcciĂłn. Levanta a una generaciĂłn, Señor, que traiga luz a este mundo. Que no ceda cuando estĂ©bano presiĂłn. Que no sea cobarde, Señor, cuando otros se rindan. Levántalos, Señor, para que proclamen que sĂ hay salvaciĂłn en nombre de Jesucristo. Levanta a guerreros, Señor, que lucharán de rodillas, que te adorarán con todo el corazĂłn, Señor. Señor, convĂłcanos a la batalla para que te proclamemos Rey de Reyes y Señor de los Señores. Oro por esas cosas con todo el corazĂłn. Levántalos, Señor, levántalos. Y si humillaren mi pueblo sobre el cual mi nombre es invocado, lloraren y buscaren mi rostro y se convirtieran de sus malos caminos, entonces yo oirĂ© desde los cielos y perdonarĂ© sus pecados y sanarĂ© su tierra. Dos CrĂłnicas, 7-14. Recuerde, hasta que el dĂa sea perfecto, es una programaciĂłn que sale los sábados a las 10 pm con su repeticiĂłn los domingos a las 9 pm, por radio.tierrademilagros.org. Sepa tambiĂ©n que puede escucharnos todos los dĂas y a todas horas por nuestra plataforma de podcast, como iBooks, Google Podcast, Spotify, entre otras. Dame un nuevo corazĂłn que te alabe noche y dĂa. Dame un nuevo corazĂłn oh JesĂşs, TĂş eres mi guĂa. Dame un nuevo corazĂłn y que sea morada Tuya. Dame un nuevo corazĂłn Mire, la oraciĂłn debe incorporar la gratitud y la acciĂłn de gracias. El Salmo 103, 1-5 nos dice Bendice alma mĂa Jehová y bendiga a todo mi ser, Su santo nombre. Bendice alma mĂa Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordia, el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezca como el águila. Aleluya, oye bendice alma mĂa Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios. Gloria a Su nombre para siempre. No olvides ninguno de sus beneficios. Recuerda que Él perdonĂł todas tus iniquidades. Cuando tĂş clamaste a Él, cuando tĂş te cercaste a Él arrepentido, Él te perdonĂł, y no perdonĂł solamente una, todas tus iniquidades, todos tus pecados, Él lo perdonĂł. Gloria a Dios. Cuando estabas enfermo, Él sanĂł todas tus dolencias, no solamente las fĂsicas, sino las dolencias del alma, las espirituales, Él las sanĂł. Cuando tĂş caĂste en el hoyo cenagoso, cuando creĂas que ya todo se habĂa acabado, que ya no habĂa rescate para ti, cuando creĂas que ya habĂa llegado tu final, gloria sea el nombre del Señor. El salmista dice recuerda alma mĂa, que Él es el que rescatĂł, rescata tu vida del hoyo, el que corona de favores y misericordia, Él te rescatĂł del hoyo, Él metiĂł su mano en el fango cenagoso, en el hoyo en el cual nosotros caĂmos, Él metiĂł su mano y nos rescatĂł ahĂ, y nos lavĂł y nos limpiĂł, gloria a su nombre para siempre, y nos llenĂł de favores y misericordia. Gloria a Dios, el que saciĂł de bien nuestra boca, de modo que donde habĂa tristeza y lamento y dolor, Él puso un cántico nuevo, aleluya. Aleluya. Aleluya. Aleluya. Aleluya. La oraciĂłn tiene que incorporar reverencia, aleluya, aleluya, aleluya. Nuestra oraciĂłn tiene que incorporar reverencia. En IsaĂas capĂtulo 6, verso 1 y verso 5, oye lo que nos dice, en el año que muriĂł el rey UsĂas, vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaron el templo. Y el verso 6, entonces dije, ¡ay de mĂ que soy muerto! Porque siendo hombre de, de, de, mire, hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblos que tienen labios inmundos, han visto mis ojos al rey Jehová de los ejĂ©rcitos. ¡Salud! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! Nuestra oraciĂłn, cuando estamos de rodillas, delante de la presencia de Dios, tenemos que manifestar reverencia. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Mientras estamos de rodillas, tenemos que ver al rey. Hay que contemplar al rey sentado en su trono, un trono alto, sublime. ¡Somayá, toku sumayĂ©! ¡Aleluya! ¡Aleluya! Nuestra oraciĂłn debe incluir la reverencia. Mirar la majestad del rey santo. Mirarlo sentado en su trono. Mirarlo rodeado de gloria, de majestad. ¡Somayá! Cuando los querubines, los serafines, los serpivientes, están postrados, los ancianos se postran, y no se atreven a levantar su rostro para mirar la majestad del rey, asĂ tĂş y yo debemos venir delante de su presencia, con reverencia, ante el rey de reyes y señor de señores, con reverencia ante el alto y el sublime. Una reverencia con temor y temblor, asĂ como dijo IsaĂas, ¡Ay, ay, ay de mĂ! ÂżSabes por quĂ© IsaĂas gritĂł, ¡Ay de mĂ! Porque Ă©l entrĂł a la presencia de Dios, ¡Uhamayá, en oraciĂłn! ¡Paru'achá, utsumayĂ©! ¡Aleluya! EntrĂł a la presencia de los Ămanos, ¡Oh, gloria a su nombre para siempre! ¡Gloria, gloria, gloria, gloria a su nombre! ¡Gloria al Rey Soberano, al Eterno, al Alto y al Sublime, al Incomparable SeyamayĂ! ¡Aleobás, Rey Santo! ¡A su nombre la gloria y el honor, el imperio, el poder, la sabidurĂa, sean dadas al Señor de los señores, al Dios de los dioses, al Rey Soberano, al Alto, al Sublime! Cuando IsaĂas se vio en medio de la gloria, el brillo de la gloria, el resplandor de la gloria de la presencia de Dios, porque cuando estamos en oraciĂłn nos exponemos ante la gloria de Dios, nos exponemos ante la majestad de la presencia de Dios, y cuando lo miramos a Él, ¡Oh, aleluya! Su gloria se torna como tan brillante, tan resplandeciente, y que nos permite a nosotros vernos tal y como somos. En esta respectividad de la oraciĂłn, ¡Porwaychau! ¡Hashurvahasayah! Porque el brillo de la gloria de Dios nos permite que nosotros veamos nuestro corazĂłn, que veamos nuestro interior, que conozcamos realmente quienes somos. IsaĂas se vio, IsaĂas se vio y por eso gritĂł, ¡Ay de mĂ! ¡Ay de mĂ! ¡Ay de mĂ que soy muerto! ¡Mi condiciĂłn, los que merecen muerte! Porque soy un hombre, ¡inmundo de labios! Oye, yo hablo mal, mis labios no hablan cosas correctas. Yo estoy mirando ahora que abrĂ mi boca y lo que decĂa no debĂ decirlo. AquĂ en la presencia de Dios lo estoy mirando. ¡Ay de mĂ lo que yo merezco por mi condiciĂłn es la muerte! Y habitando, y no solamente eso, que yo he estado habitando en medio de un pueblo que tambiĂ©n tiene labios inmundos. Y asĂ con esa condiciĂłn, ¡mis ojos pueden ver al Rey Jehová de los ejĂ©rcitos! ¡Soy amado y te adoro, Señor! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Muchas gracias! Mi alma te adora, Señor amado. Mi alma te bendice, Rey soberano. Mira cuando nos miramos, cuando IsaĂas se mirĂł y clamĂł, reconociĂł su condiciĂłn. Él al mismo tiempo se puso a la merced de la misericordia y de la gracia. Y la misericordia, mira, esa confesiĂłn de IsaĂas lo que hizo fue que activĂł la misericordia de Jehová, Okumaya. Inmediatamente la misericordia se manifiesta y viene un ángel enviado de Dios y toma un carbĂłn encendido del altar de Jehová y lo pasa por los labios de IsaĂas y santifica su labio. Y eso es lo que recibimos cuando estamos en oraciĂłn. Eso es lo que recibimos cuando estamos en la presencia de Dios. Reconocemos nuestra condiciĂłn. La gloria nos revela cĂłmo estamos nosotros, dĂłnde estamos parados y cuál es nuestra condiciĂłn. Pero tambiĂ©n nos permite, nos lleva, el mismo espĂritu nos lleva a la confesiĂłn. El mismo espĂritu nos lleva al arrepentimiento. Oh gloria a Dios. Y viene Jehová y manifiesta su gracia y su misericordia. Y recibimos liberaciĂłn y recibimos sanidad y recibimos santificaciĂłn en su presencia. Por eso es vital la oraciĂłn en la vida del creyente. ¡Vaya! Es vital la oraciĂłn. Es vital la oraciĂłn. Pasar el tiempo en oraciĂłn, hablando con Dios, adorándole, mientras estamos de rodillas. Ya no rabajasĂ©. ÂżTĂş sabes lo que sucede? Desde aquĂ de la tierra de rodillas, Dios abre un puente y la escalera de Jacob se manifiesta, la cual es Jesucristo, y nos conecta con el cielo. Y nosotros de rodillas entramos a donde está el trono y vemos la gloria de Dios y nos exponemos bajo la gloria. Y la exposiciĂłn ante la gloriosa presencia de Dios transforma la vida del hombre. Hay algo que se efectĂşa en el interior. Su espĂritu es santificado, su alma es purificada. Por eso JesĂşs le enseñó a los discĂpulos. AhĂ en Mateo capĂtulo 6, JesĂşs le enseñó a los discĂpulos. ¡EscĂşchame bien! Cuando ores, debes sacar tiempo. ¡Entra en tu aposento y cierra la puerta! ¡Cierra la puerta! Mira, ¡cierra la puerta para orar! Busca la intimidad con Dios. Procura la soledad con Él, tu estimado ElĂas. ¡Uuuuh! Procura la soledad con Él, tu más amándito MarĂa. ¡Aleluya, aleluya, aleluya! Mas tĂş cuando ores, cuando ores, entra en tu aposento. ¡Entra en tu lugar secreto! ¡Entra! La posiciĂłn de tu corazĂłn es esta. ¡Cierra la puerta! ¡Cierra la puerta! ¡DesconĂ©ctate del mundo que está afuera! ¡DesconĂ©ctate de lo que te rodea! ¡Cierra la puerta! Y ora a tu Padre. Esta es la posiciĂłn del corazĂłn. Yo cierro la puerta porque yo voy a hablar con mi Padre. Voy a hablar con mi Papá. Soku Shimabalai. Y el EspĂritu Santo te enseña, mira, la palabra de Dios dice que el EspĂritu Santo clama en nuestro interior y Él dice, ¡Aba! ¡Aba! ¡Aba! Es cuando los niños subĂos son los que llaman a su Padre asĂ. Es como nosotros, en español, los niños pequeños le dicen a su Padre, ¡Papi! ¡Papi! ¡Papito! Eso es lo que quiere decir, ¡Aba! Y el EspĂritu Santo cuando estamos en la presencia del Señor, Él clama dentro de nosotros, ¡Aba! ¡Papi! ¡Papito! ¡AquĂ está tu hijo! ¡AquĂ está tu hijo delante de tu presencia! ¡Aba! ¡Aba! Por eso eso dice, ¡Ora a tu Padre! ¡Ora a tu Aba! ¡Ora a tu Aba! ¡Habla con Él! ¡Habla con Aba! ¡Hablale! ¡Ora a tu Aba! ¡Habla con Él! ¡Habla con Aba! ¡Hablale! HĂşyan arriba asĂ y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en pĂşblico. La respuesta viene del Padre. Eluha Yuna Vazuki Onoraba Vanseloa Vamos a orar. Vamos a establecer la vida de oraciĂłn. Vamos a restablecer el altar de oraciĂłn. JesĂşs le enseñó como modelo a los discĂpulos. Mire cuando oren, dĂganle a su Padre nuestro, que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. Reconoce que con quien hablas es con tu Padre. No eres un extraño. No eres un simple obrero. Un jornalero. Cuando Él habla de temor y reverencia, no es que tenga miedo, que te aleja. Sino que te acerque reverentemente a tu Padre, tu Papá. Que aunque está en los cielos, aunque eres el alto y el sublime, aunque eres el incomparable, el todopoderoso, Él tambiĂ©n es tu Padre. Santificado sea tu nombre, y enseña lo que es la alabanza, el reconocimiento, la adoraciĂłn. Venga a tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo hacia la tierra. Venga a tu reino, cuando Él decĂa venga a tu reino, no solamente el anhelo y el deseo de que el gobierno de Dios se establezca en la tierra, sino que se establezca en mi vida. Está diciendo Señor, yo niego mi propia vida, mis deseos. Yo me niego a mĂ mismo. En un reconocimiento como Juan el Autista, es necesario que yo me enguepe, yo me enguo. Yo me hago enguar a mĂ mismo para que tĂş crezcas, para que se establezca tu reino, para que tu dominio, tu gobierno, se establezca en mi vida, Señor. Juliá samay, sauvivalahiyavĂł. Venga a tu reino, establece tu gobierno en mi vida, Padre. Vio, Abba, establece tu gobierno. Y para que tu gobierno, tu reino, se establezca en mi vida, pues yo tengo que rendirme y entregarme y negarme a mĂ mismo para que esto acontezca. Eso hace la oraciĂłn, es la oraciĂłn que modelo la que enseñó Jesucristo, nuestro Salvador. Pal nuestro de cada dĂa dándolo hoy, confĂa que la provisiĂłn es una provisiĂłn diaria, y que cada dĂa hay una promesa, hay una palabra, hay una provisiĂłn de parte de Dios para nosotros. La oraciĂłn es vital, iglesia. La oraciĂłn es vital, amado hermano. Cuando estamos en oraciĂłn, cuando oramos, cuando estamos a sola con Dios, es que realmente sabemos donde nos encontramos en el sentido espiritual. Muchos de nosotros vagamos y damos malos ejemplos porque no tenemos una vida de oraciĂłn, y nunca nos daremos cuenta cual realmente es nuestra condiciĂłn, porque el EspĂritu, no le hemos dado la oportunidad al EspĂritu Santo que nos revele, no nos hemos expuesto a la gloria, a la presencia de Dios para revelarnos nuestra condiciĂłn. Pedro, tras la pesca milagrosa, cuando JesĂşs le dijo a Bogomar adentro, que Ă©l vio lo que habĂa acontecido, Pedro, le dijo al Señor postrándose, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, que Ă©l no se acerque a la oraciĂłn, por el amor de Jesucristo, a que restaures tu vida de oraciĂłn. Estamos iniciando un nuevo año, 2023. SerĂa bueno que te propongas en el corazĂłn restaurar la vida de oraciĂłn. Tomar diariamente un momento para hablar con tu Padre, y darle tiempo para escuchar lo que Él tiene que decirte, lo que Él tiene que revelarte. El Padre le interesa nuestra oraciĂłn. Cuando oramos, la oraciĂłn es tan poderosa que desata el poder, hace que se manifieste el poder de Dios para nosotros. Tu Rabai Kiso Amais. Aleluya, Aleluya, Aleluya, Aleluya, Aleluya. Mi alma te alaba, Padre, te doy todo honor y toda gloria, toda honra, Papá. TĂş has sido bueno y tu misericordia es para siempre, Dios amado, un rey magia. Te doy honor, te doy gloria, te doy honra, te doy alabanzas, te doy exaltaciĂłn y adoraciĂłn, amado mĂo. Amado mĂo, mi alma te bendice y te glorifica y te exalta. Gracias, Señor. Gracias, mi amado Dios. Gracias, Papito lindo, precioso. Gracias, Abba. Abba, Abba, aquĂ estoy. Te adoro, te bendigo, te glorifico, te exalto. Rindo honor y gloria a tu nombre. Honor y gloria. Honor y gloria. Honor y gloria. Honor y gloria a tu nombre. Honor y gloria. Toda la gloria, toda la honra. SĂ, sĂ, Señor, sĂ, Señor. Mi alma te adora, mi alma te adora. Mi alma te bendice, mi alma te exalta. Mi alma te da honor, Señor. Gracias, Pa. Que Dios le bendiga, iglesia, que Dios le bendiga. Que Dios te bendiga, iglesia, que Dios te bendiga, hermano. Que la gracia, que el favor de nuestro Señor Jesucristo sea con tu vida. Que el poder del AltĂsimo te cubra con su sombra. Que la gloria de Jehová se manifieste en tu vida y te revele tu condiciĂłn. Cualizaias pueda ver tu interior, tu condiciĂłn delante de Dios. Y gritar y clamar ante su presencia para que el trono sea movido. Y de la presencia de Dios venga tiempos de refugio, tiempos de limpieza. Que la gracia del Señor estĂ© sobre ti. Dios le bendiga, hermanos, Dios le guarde. Les hablĂł su hermano, Pastor Eliseo Charleston de la iglesia. Puerta abierta. Concilio, puerta abierta. LĂ©bano, Pensilvania, Estados Unidos. Que la gracia y el favor de nuestro Señor Jesucristo te llene. Ahora y siempre. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n. AmĂ©n.
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