

Las guerras macabeas y las construcciones identitarias en las guerras y conflictos
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Listen to Podcast Guerra en el mundo antiguo. Episodio 1 by Sergio Andres Simino Serrano MP3 song. Podcast Guerra en el mundo antiguo. Episodio 1 song from Sergio Andres Simino Serrano is available on Audio.com. The duration of song is 21:06. This high-quality MP3 track has 150.325 kbps bitrate and was uploaded on 15 May 2024. Stream and download Podcast Guerra en el mundo antiguo. Episodio 1 by Sergio Andres Simino Serrano for free on Audio.com ā your ultimate destination for MP3 music.










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The podcast episode discusses the ancient conflict between the Seleucid Empire and the Jewish resistance in Syria-Palestine from 175 to 163 BC. It focuses on the revolt led by Judas Maccabeus against the Seleucid Empire and the subsequent purification of the temple in Jerusalem. The episode also explores the different perspectives presented in the books of the Maccabees and the historian Flavius Josephus. It examines the construction of ethnic identities and the causes of the Jewish wars in the Greco-Roman world. The region is referred to as Syria-Palestine and Judea, highlighting the ideological and political implications of naming. The episode concludes by discussing the explanations given for war in ancient times and how the first book of the Maccabees and Josephus explain the causes of the Maccabean war. Os doy la bienvenida al podcast Guerra y Conflicto en el Mundo Antiguo. Comenzamos este primer episodio por un conflicto de una zona geoestratĆ©gica que a dĆa de hoy aĆŗn sigue de penosa actualidad. Se trata de la guerra que se desarrolló entre los aƱos 175 al 163 a.C. y que tuvo lugar en la zona de Siria-Palestina entre el imperialismo de la monarquĆa selĆ©ucida y la resistencia judĆa de la dinastĆa de los salmoneos. Estamos en el aƱo 165 a.C. Judas, apodado Macabeo, que traducido serĆa Martillo, fue quien protagonizó la revuelta contra el imperio selĆ©ucida, los hecederos en Siria del imperio griego de Alejandro Magno. Estos hechos son narrados en los libros de Ć©poca helenĆstica que conocemos como primero y segundo de los Macabeos. El rey antiguo IV, autodenominado EpĆfanes Zeus, que significa manifestación de Zeus, impuso a sangre y fuego la cultura griega y profanó el templo con un altar a Zeus. AsĆ que Judas Macabeo, tras recuperar JerusalĆ©n, purificó el templo para conservarlo nuevamente para el culto al Dios de Israel. El 25 de diciembre del aƱo 164 a.C. En esa fecha desde entonces se celebra la fiesta judĆa de la Dedicación OjanucĆ”. Posteriormente su hermano Simón conseguirĆa la derrota y la independencia del imperio helenĆstico en el aƱo 142 a.C. El gobierno de los Macabeos asegura un reinado independiente hasta que un poder imperialista volviera a entrar en JerusalĆ©n. SerĆ” el poder de la RepĆŗblica Romana al frente de Pompeyo en el aƱo 63 a.C. AdemĆ”s de los libros primero y segundo de los Macabeos, el historiador judeo-romano Flavio Josefo nos narró estos acontecimientos a la inición de su obra La guerra de los judĆos. Josefo escribe en un momento posterior a los hechos narrados, aproximadamente los aƱos 75-79 d.C. Los dos libros de los Macabeos no cuentan una historia sucesiva de los acontecimientos, sino que son dos textos que tratan la misma secuencia narrativa, aunque no temporal, de los hechos. Por tanto nos centramos en el primer libro de los Macabeos. La comparación entre estos textos es interesante porque nos ofrecen dos perspectivas distintas de los mismos acontecimientos. Por un lado tenemos la mirada judĆa de aquellos que son sometidos por el poder del imperio de Seleucida, los Macabeos. Por otro lado tenemos aquella representada por el poder de otro imperio, el romano, que encarna Flavio Josefo. Sin embargo, como recordatorio de que las narrativas maniqueas de los conflictos y las guerras no tienen una fĆ”cil correspondencia con la realidad histórica, Flavio Josefo no era un romano al uso, sino un judĆo que acabarĆa adoptando la identidad romana y la fidelidad al imperio romano como propias, aunque nunca abandonara su herencia cultural y Ć©tnica judĆa. AquĆ se superponen en estos textos mundos de significado distintos que nos permiten tambiĆ©n comprender cómo se construyen socialmente las identidades Ć©tnicas en situaciones de conflicto y nos estimulan a reflexionar sobre cómo se comprendieron las causas de las guerras judĆas en el mundo grecorromano. Nuestro enfoque, por tanto, auna una consideración historiogrĆ”fica mĆ”s tradicional dentro de historia polĆtica que se pregunta por las causas de las guerras tal y como las percibieron los autores e historiadores que las narraron en sus obras, con una aproximación cualitativa que se centra en el anĆ”lisis de cómo la cultura y las construcciones sociales identitarias influyen en el desarrollo de los conflictos y las guerras. Como se verĆ”, no distinguimos entre causas polĆticas y causas religiosas, ya que lo religioso no tiene una realidad institucional o social diferenciada en el mundo antiguo ni en sus fuentes. La religión forma parte de la red bĆ”sica de significados del mundo social en las sociedades antiguas que configura su espacio polĆtico. Desde el inicio nos topamos con problemas que parecen irresolubles. Desde el mismĆsimo momento en que necesitamos elegir una denominación para delimitar la zona geopolĆtica en la que se desarrolla este conflicto nos encontramos en una zona de minas ideológica. ĀæCómo referirnos a ella? ĀæComo Israel, JudĆ”, Judea, Palestina? No hay ninguna designación que cubra toda el Ć”rea geogrĆ”fica y polĆtica de manera constante y homogĆ©nea durante un largo periodo de tiempo. En innumerables ocasiones la elección de una categorĆa u otra responde a una intencionalidad ideológica que tiene repercusiones polĆticas actuales. Si nos atenemos a la edición grecorromana encontramos menciones de Palestina en Heródoto pero Āæa quĆ© Ć”rea geogrĆ”fica se refiere? Heródoto hace referencia a Siria-Palestina o a los sirios-palestinos de una manera genĆ©rica en su libro segundo, fragmentos 104-106, en esta zona sin especificar sus lĆmites. Cuando intenta ser mĆ”s preciso, Heródoto habla que desde Persia hasta Fenicia hay una amplia extensión de terreno y menciona expresamente Fenicia que se encuentra en las costas de Siria-Palestina. Heródoto vuelve a referirse a los sirios de Palestina junto a los fenicios en su libro sĆ©ptimo, fragmento 89, establecido en las costas de Siria que se extiende hasta Egipto y que segĆŗn Heródoto recibe el nombre de Palestina. La cuestión estarĆa si Heródoto se refiere sólo a la franja costera al sur de Fenicia o a una amplitud mayor. Finalmente, Heródoto menciona una provincia que se extiende desde la frontera sur de Filicia y el comienzo de Siria hasta llegar a Egipto, en la que se incluyen Fenicia y la Siria que se llama Palestina, dicho esto en el libro tercero, fragmento 91. Por lo tanto a ojos griegos parece plausible que se denominarĆ” a la región entre Siria y Egipto como Siria-Palestina, distinguiĆ©ndola de Fenicia. Esto continuarĆ” posteriormente cuando despuĆ©s de la revuelta judĆa contra el Imperio Romano en el aƱo 135 d.C., gobernando el emperador Adriano, se acabarĆ” imponiendo el nombre de Palestina de Siria a toda la región. Desde el punto de vista judĆo, sólo existió un reino unificado denominado Israel durante los reinados de David y Salomón el siglo X a.C. A la muerte de este Ćŗltimo, el reino se divide en dos, Israel al norte y JudĆ” al sur. El reino del norte desaparecerĆ” tras la invasión a Siria en el aƱo 722 a.C., mientras que el reino del sur tendrĆ” una pervivencia hasta el siglo VI a.C., cuando caerĆ” en manos del Imperio Babilónico en el aƱo 587 a.C. Durante el dominio persa en el aƱo 538 a.C., el reino del sur JudĆ” recuperarĆ” una cierta autonomĆa hasta la llegada del Imperio Griego y las monarquĆas helenĆsticas de Ptolomeos y Seleucidas. Tras la independencia ganada por sus macabeos, que se prolongarĆ” desde el aƱo 142 a.C. la región estarĆ” bajo la administración romana y se conocerĆ” por el nombre latino de Judea. Por tanto usamos la designación griega Siria-Palestina como una referencia geogrĆ”fica abarcadora para toda la región, mientras que seguimos a Josefo cuando se refiere a la región mĆ”s especĆficamente como Judea y usaremos los calificativos de judĆos e israelitas que encontramos en nuestras fuentes para referirnos a sus grupos Ć©tnicos sociales. El historiador griego Heródoto nos decĆa que nadie es tan estĆŗpido que prefiera la guerra a la paz, porque en la paz los hijos sepultan a sus padres, mientras que en la guerra son los padres los que sepultan a sus hijos, y ademĆ”s aƱadió en un juicio con conclusivo, la guerra es peor que la paz. Por eso Heródoto, segĆŗn el historiador momiriano, serĆ” el primero en preguntarse por las causas de la guerra. Por tanto, si la guerra no es algo deseable, es un fenómeno que requiere de explicación y de legitimación para que pueda llevarse a cabo. Pero mĆ”s allĆ” de cualquier esfuerzo de racionalización, la guerra es entendida en el mundo antiguo como algo inevitable y que responde a fuerzas mĆ”s allĆ” de la acción humana. En este sentido Heródoto expresaba como su propia opinión, que la guerra era fruto del castigo de los dioses debido a las grandes faltas de los seres humanos. Otro historiador griego, posterior, TucĆdides, a finales del siglo V a.C., distinguió entre causas verdaderas y motivos inmediatos como manera de explicar la guerra. En este sentido seƱaló que la causa verdadera, aunque no confesable, que motivó la guerra entre atenienses y espartanos, y la guerra del Peroponeso, fue el miedo que los espartanos tuvieron frente al expansionismo imperialista ateniense. Y cuando Polibio, historiador griego del siglo II a.C., se pregunta por las causas de las guerras pĆŗnicas, se propone determinar cómo, cuĆ”ndo y por quĆ© el mundo conocido ha caĆdo sobre la dominación romana. En este sentido cabe preguntarse cómo el primer libro de los Macabeos y Josefo explican las causas de la guerra macabea. El texto de los Macabeos comienza retorturallĆ©ndose hasta Alejandro Magno, que despuĆ©s de derrotar al rey persa DarĆo consiguió conquistar hasta el confĆn del mundo, es decir, hasta la India, que en el imaginario cultural helenĆstico representaba el fin conocido del mundo habitado. Expresamente se dice que el corazón de Alejandro se ensoberveció y se llenó de orgullo. Al morir Alejandro le suceden sus generales y fueron coronados como reyes iniciĆ”ndose unas monarquĆas hereditarias helenĆsticas que segĆŗn el texto Macabeo fueron causantes de las desgracias del mundo. Como epĆtome de estas desgracias emerge un vĆ”stago perverso, asĆ califica el texto de los Macabeos a AntĆoco IV EpĆfanes. Desde la perspectiva judĆa el imperialismo helenĆstico es causante de los males que debĆan afrontar como pueblo, pero eso constituirĆa sólo causas externas. El autor de los Macabeos tambiĆ©n tiene en cuenta unas causas internas. Entre las Ć©lites dirigentes judĆas hubo partidarios de esta fuerza helenizadora y enviaron una embajada diplomĆ”tica frente al rey AntĆoco. De aquĆ se derivaron una serie de medidas que se interpretan como una infidelidad al pacto con el dios de Israel que configuraba las tradiciones judĆas, lo que serĆa la causa de los males que deberĆan afrontar aquella parte del pueblo judĆo que querĆa seguir prestando lealtad a su fe y a sus costumbres ancestrales. No obstante esta aculturación helenĆstica no evitó las desgracias para el pueblo judĆo produciĆ©ndose el saqueo del templo y la instalación de un destacamento permanente en JerusalĆ©n. A partir de entonces se promulgó un decreto real con una serie de medidas que tenĆan como objeto la helenización forzosa del pueblo israelita, obligĆ”ndoles a abandonar su identidad judĆa y fidelidad al pacto con el dios de Israel. Por su parte Josefo, en el proemio de su obra, nos explica que va a narrar los acontecimientos contemporĆ”neos a Ć©l, de los que Ć©l ha sido testigo, pero que harĆ” un breve repaso a los acontecimientos inmediatamente anteriores sin necesidad de remontarse muy atrĆ”s la historia de los judĆos que por otra parte ya ha relatado en otra de sus obras. Estos acontecimientos anteriores a la guerra de los judĆos contra los romanos se corresponde con la narración del primer libro de los Macabeos. Josefo se disculpa por no seguir las normas de la historiografĆa al dejarse llevar por las lamentaciones de las desgracias de su pueblo. Entre las causas de esas desgracias, Josefo destaca, para explicar la guerra de los judĆos contra los romanos, la existencia de una lucha interna entre las Ć©lites judĆas calificadas de tiranos y bandidos. Recordamos que la palabra tirano tenĆa una connotación polĆtica en el mundo grecorromano, que hacĆa referencia a la concentración personal del poder por contraposición a gobiernos de representación, mientras que la palabra bandido no hacĆa referencia a un delincuente comĆŗn sino a revolucionarios contra el poder instituido. Obviamente todo ello exoneraba de responsabilidad a los romanos que poco mĆ”s que tuvieron que poner orden en aquella situación creada por los mismos judĆos. Esa es la base de la argumentación de Josefo. Ahora bien, ĀæquĆ© causas menciona expresamente Josefo por la toma de JerusalĆ©n a manos de AntĆoco IV? El autor judeorromano destaca los enfrentamientos entre las Ć©lites judĆas. Por un lado tenemos a OnĆas IV, sumo sacerdote y partidario de la resistencia judĆa, que expulsó de JerusalĆ©n a TobĆas, quien era partidario de la monarquĆa helenĆstica. Ejemplo de una actitud adaptativa a la cultura griega. Entre ellos habĆa una hostilidad abierta por el poder. Los hijos de TobĆas recurren a AntĆoco IV y se ofrecieron para ayudarle en una posible invasión de Judea, que se encontraba bajo la dominación tolomea. AntĆoco IV no solo aceptó sino que tomó la ciudad de JerusalĆ©n y profanó el templo y prohibió las costumbres judĆas. El autor del primer libro de los Macabeos coincide con Josefo en la apreciación de las causas que posibilitaron la invasión selĆ©ucida debido a las luchas internas judĆas. El primer libro de los Macabeos, capĆtulo 1, versĆculo 11, califica de israelitas renegados a estos que convencieron a muchos para realizar aquella misión diplomĆ”tica al rey AntĆoco IV. Sin embargo, mientras Josefo trata por igual a los dos bandos judĆos prohelenĆsticos y antielenĆsticos, y se distancia de ambos en su relato a favor de la legitimación romana, pues el primer relato de los Macabeos toma partido en contra de los partidarios prohelenĆsticos y a favor de las Ć©lites antielenĆsticas. Como ejemplo paradigmĆ”tico de la construcción social de las identidades que derivan en lealtades polĆticas tenemos el caso del propio Flavio Josefo, en el se aunan lo judĆo y lo romano en una especie de supervivencia personal y polĆtica. Hablando en el contexto de la guerra judĆa contra los romanos en los aƱos 66-70 d.C., Josefo afirma que lo que mĆ”s les impulsó a los rebeldes judĆos fue la esperanza mesiĆ”nica de un rey judĆo que gobernarĆa el mundo. Sin embargo, Josefo no tiene problemas en atribuir esa condición mesiĆ”nica a Vespasiano, quien fue proclamado emperador en Judea. Esto resulta interesante porque el mesianismo es un mecanismo legitimador muy potente de lealtades polĆticas. En Josefo se produce una relativización de lealtad mesiĆ”nica judĆa y se transfiere sin pudor al emperador romano. De hecho, mucho mĆ”s significativamente aĆŗn, podemos constatar que tanto TĆ”cito como Suetonio, historiadores romanos, se apropian de las esperanzas mesiĆ”nicas judĆas reformuladas de una manera vaga y superficial. Ambos llegan a afirmar que, segĆŗn habĆa sido transmitido por los escritos judĆos, del oriente surgirĆan hombres que saltean de Judea y que dominarĆan el mundo. No obstante, al final se pondrĆa de manifiesto que realmente era algo referido al emperador romano. La diferencia entre ellos es que mientras TĆ”cito lo atribuyó a Vespasiano y a Tito, Suetonio lo afirma de una manera mĆ”s imprecisa a un emperador romano. Por tanto, la posición de Josefo no es otra que la visión, o mejor dicho, la adoptación romana del mesianismo judĆo. El Evangelio de Juan nos narra cómo, ante el intento de Poncio Pilato de soltar a JesĆŗs, los dirigentes judĆos llegan a su condición mesiĆ”nica diciĆ©ndole que si lo suelta es enemigo de CĆ©sar, y le recuerdan que todo aquel que se autoproclama rey se opone a CĆ©sar. Ante la insistencia de Pilato y la pregunta de si ha de crucificar a su rey, los dirigentes judĆos le responden de manera paradigmĆ”tica que no tiene mĆ”s rey que CĆ©sar. Una vez mĆ”s, vemos cómo la relativización del mesianismo judĆo resulta en favor de la lealtad al emperador romano. Un hilo de nuestra argumentación nos introducirĆa en el anĆ”lisis de cómo los imperialismos produjeron cambios sociológicos en el mundo antiguo, pero esto excede las posibilidades de este espacio de divulgación. Sólo hay que mencionar que en el contexto del enfrentamiento entre el imperialismo selĆ©ucida y la resistencia judĆa, esto es muy claro. A un intento de colonización cultural que resulta mĆ”s opresora que la que deriva de las consecuencias inmediatas de la guerra y de la institucionalización polĆtica de la violencia. Aquellos sectores de la sociedad judĆa del periodo helenĆstico que tuvieron una adaptación cultural cedieron en su lealtad polĆtica, mientras que aquellos sectores resistentes frente a ese imperialismo cultural se mostraron irreductibles en la cesión de sus lealtades polĆticas. Como tambiĆ©n hemos podido comprobar, hay una apropiación por parte del imperialismo romano del mundo cultural judĆo. En su esperanza mesiĆ”nica que no es otra cosa que el resultado de la violencia estructural de su fuerza imperial, pero tambiĆ©n que los procesos de contaminación cultural tienen una doble dirección y no es unidireccional. Por Ćŗltimo, las guerras y los conflictos se nutren y se legitiman de las fronteras geogrĆ”ficas y sociales. El enemigo se deshumaniza y se despersonaliza para que pueda ser susceptible de eliminación. Sin embargo, en nuestros anĆ”lisis previos hemos podido constatar que, en las situaciones de guerra o de conflicto, la frontera entre la identidad y la literidad entre lo judĆo y lo griego, entre lo judĆo y lo romano o lo que significa ser judĆo en un mundo helenizado es mucho mĆ”s porosa de lo que cabrĆa pensar. La construcción de relatos maniqueos de buenos y malos generalmente son falsos y la realidad siempre estĆ” llena de matices y perspectivas diferentes y, por tanto, la aprobación, el control y la distorsión de la narración de la guerra resulta fundamental para las legitimaciones polĆticas. Pensamos que todo ello nos proporciona un recordatorio necesario y algunas claves interpretativas para reflexionar dentro de la misma zona geoestratĆ©gica sobre el actual conflicto palestino-israelĆ que tan sometido a polarización se encuentra.
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