
Listen to 7- El loro pelado mp3 by Lourdes MP3 song. 7- El loro pelado mp3 song from Lourdes is available on Audio.com. The duration of song is 13:52. This high-quality MP3 track has 127.71 kbps bitrate and was uploaded on 31 Oct 2023. Stream and download 7- El loro pelado mp3 by Lourdes for free on Audio.com ā your ultimate destination for MP3 music.










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Once upon a time, there was a band of parrots that lived in the mountains. They would go to the fields to eat corn in the morning and oranges in the afternoon. They were noisy and had a lookout parrot in the tallest tree to watch for anyone approaching. One day, a man shot down the lookout parrot, but it survived and was taken home by the man's children. The parrot, named Pedrito, learned to talk and became friendly with the family. One day, Pedrito encountered a tiger and invited it to have tea with him. The tiger tried to attack the parrot, but the man shot and killed the tiger. Pedrito lived happily with the family, always remembering what the tiger had done and inviting it to tea with him every afternoon. HabĆa una vez una banda de loros que vivĆa en el monte. De maƱana temprano iban a comer choclos a la chacra y de tarde comĆan naranjas. HacĆan gran barullo con sus gritos y tenĆan siempre un loro de centinela en los Ć”rboles mĆ”s altos para ver si venĆa alguien. Los loros son tan daƱinos como la langosta, porque abren los choclos para picotearlos, los cuales despuĆ©s se pudren con la lluvia, y como al mismo tiempo los loros son ricos para comer los guisados, los peones los cazaban a tiros. Un dĆa un hombre bajó de un tiro a un loro centinela, el que cayó herido y peleó un buen rato antes de dejarse agarrar. El peón lo llevó a la casa para los hijos del patrón. Los chicos lo curaron porque no tenĆa mĆ”s que una la rota. El loro se curó muy bien y se amansó completamente. Se llamaba Pedrito. Aprendió a dar la pata, le gustaba estar en el hombro de las personas y les hacĆa cosquillas en la oreja. VivĆa suelto y pasaba casi todo el dĆa en los naranjos y eucaliptos del jardĆn. Le gustaba tambiĆ©n burlarse de las gallinas. A las cuatro o cinco de la tarde, que era la hora en que tomaban el tĆ© en la casa, el loro entraba tambiĆ©n en el comedor y se subĆa por el mantel a comer pan mojado en leche. TenĆa locura por el tĆ© con leche. Tanto se daba Pedrito con los chicos y tantas cosas le decĆan las criaturas que el loro aprendió a hablar. DecĆa, Ā”Buen dĆa, lorito! Ā”Rica papa! Ā”Rica papa para Pedrito! DecĆa otras cosas mĆ”s que no se pueden decir porque los loros, como los chicos, aprenden con gran facilidad las malas palabras. Cuando llovĆa, Pedrito se encrespaba y se contaba a sĆ mismo una porción de cosas, muy bajito. Cuando el tiempo se componĆa, volaba entonces gritando como un loco. Era, como se ve, un loro bien feliz que ademĆ”s de ser libre, como lo desean todos los pĆ”jaros, tenĆa tambiĆ©n, como las personas ricas, su five o'clock tea. Ahora bien, en medio de esta felicidad sucedió que una tarde de lluvia salió por fin el sol despuĆ©s de cinco dĆas de temporal y Pedrito se puso a volar gritando, Ā”QuĆ© lindo dĆa, lorito! Ā”Rica papa! Ā”La pata, Pedrito! Ā”La pata! Y volaba lejos hasta que vio debajo de Ć©l, muy abajo, el rĆo ParanĆ”, que parecĆa una lejana y ancha cinta blanca. Y siguió y siguió volando hasta que se asentó por fin en un Ć”rbol a descansar. Y es aquĆ que de pronto vio brillar en el suelo, a travĆ©s de las ramas, dos luces verdes como enormes bichos de luz. ”¿QuĆ© serĆ”?!, le dijo el loro. Ā”Rica papa! ĀæQuĆ© serĆ” eso? Ā”Buen dĆa, Pedrito! El loro hablaba siempre asĆ, como todos los loros, mezclando las palabras sin ton ni son y a veces costaba entenderlos. Y como era muy curioso, fue bajando de rama en rama hasta acercarse. Entonces vio aquellas dos luces verdes que eran los ojos de un tigre que estaba agachado, mirĆ”ndolo fijamente. Pero Pedrito estaba tan contento con aquel lindo dĆa que no tuvo ningĆŗn miedo. Ā”Buen dĆa, tigre! le dijo. Ā”La pata, Pedrito! Y el tigre, con esa voz terrible ronca que tiene, le respondió. Ā”Buen dĆa! Ā”Buen dĆa, tigre! repitió el loro. Ā”Rica papa! Ā”Rica papa! Ā”Rica papa! Y decĆa tantas veces Rica Papa porque eran las cuatro de la tarde y tenĆa muchas ganas de tomar tĆ© con leche. El loro se habĆa olvidado de que los bichos del monte no toman tĆ© con leche y por esto lo convidó al tigre. Ā”Rico tĆ© con leche! le dijo. Ā”Buen dĆa, Pedrito! ĀæQuerĆ©s ir a tomar el tĆ© con leche conmigo, amigo tigre? Pero el tigre se puso curioso porque creyó que el loro se reĆa de Ć©l y ademĆ”s, como tenĆa a su vez hambre, se quiso comer al pĆ”jaro hablador. AsĆ que le contestó. Ā”Bueno, acĆ©rcate un poco que soy sordo! El tigre no era sordo. Lo que querĆa era que Pedrito se acercara mucho para agarrarlo de un zapazo. Pero el loro no pensaba sino en el gusto que tendrĆan en la casa cuando Ć©l se presentara a tomar el tĆ© con leche con aquel magnĆfico amigo. Y voló hasta la otra rama mĆ”s cerca del suelo. Ā”Rica papa en casa! repitió gritando cuanto podĆa. Ā”MĆ”s cerca! Ā”No oigo! respondió el tigre con su voz ronca. El loro se acercó un poco mĆ”s y dijo. Ā”Rico tĆ© con leche! Ā”MĆ”s cerca todavĆa! repitió el tigre. El pobre loro se acercó aĆŗn mĆ”s y en ese momento el tigre dio un terrible salto. Tan alto como una casa le alcanzó con la punta de las uƱas a Pedrito. No alcanzó a matar, pero le arrancó toda la pluma del lomo y la cola entera. No le quedó una sola pluma en la cola. Ā”TomĆ”! rugió el tigre. Ā”Anda a tomar el tĆ© con leche! El loro gritando de dolor y de miedo se fue volando, pero no podĆa volar bien porque le faltaba la cola que es como el timón de los pĆ”jaros. Volaba cayĆ©ndose en el aire de un lado para el otro y todos los pĆ”jaros que lo encontraban se alejaban asustados de aquel bicho raro. Por fin pudo llegar a la casa y lo primero que hizo fue mirarse en el espejo de la cocinera. Ā”Pobre Pedrito! Ā”Era el pĆ”jaro mĆ”s raro y mĆ”s feo que puede darse! Todo pelado, todo rabón y temblando de estrĆ©s. ĀæCómo iba a presentarse en el comedor con esa figura? Voló entonces hasta el hueco que habĆa en el tronco de un eucalipto y que era como una cueva y se escondió en el fondo, gritando de frĆo y de vergüenza. Pero entre tanto, en el comedor todos se extraƱaban por su ausencia. ĀæDónde estarĆ” Pedrito? decĆan y llamaban. Ā”Pedrito! Ā”Rica papa! Ā”Pedrito! Ā”TĆ© con leche, Pedrito! Pero Pedrito no se movĆa de su cueva ni respondĆa nada, mudo y quieto. Lo buscaron por todas partes, pero el loro no apareció. Todos creyeron entonces que Pedrito habĆa muerto. Y los chicos se echaron a llorar. Todas las tardes, a la hora del tĆ©, se acordaban siempre del loro y recordaban tambiĆ©n cuĆ”nto le gustaba comer pan mojado en tĆ© con leche. Ā”Pobre Pedrito! Nunca mĆ”s lo verĆan porque habrĆa muerto. Pero Pedrito no se habĆa muerto, sino que continuaba en su cueva sin dejarse ver por nadie porque sentĆa mucha vergüenza de verse pelado como un ratón. De noche bajaba a comer y subĆa en seguida. De madrugada descendĆa de nuevo, muy ligero, e iba a mirarse al espejo de la cocinera, siempre muy triste porque las plumas tardan mucho en crecer. Hasta que por fin, un dĆa o una tarde, la familia sentada a la mesa a la hora del tĆ©, vio entrar a Pedrito muy tranquilo, balanceĆ”ndose como si nada hubiera pasado. Todos se querĆan morir, morir del gusto cuando lo vieron bien, vivo y con lindĆsimas plumas. Ā”Pedrito! Ā”Lorito! le decĆan. ĀæQuĆ© pasó Pedrito? ĀæQuĆ© plumas tan brillantes tiene el loro? Pero no sabĆan que eran plumas nuevas y Pedrito, muy serio, no decĆa tampoco una palabra. No hacĆa sino mĆ”s que comer pan mojado en tĆ© con leche, pero lo que es hablar, ni una sola palabra. Por eso, el dueƱo de casa se sorprendió mucho cuando a la maƱana siguiente, el loro fue volando a pararse en su hombro, charlando como un loco. En dos minutos, le contó lo que habĆa pasado, un paseo al Paraguay, un encuentro con el tigre y lo demĆ”s, y concluĆa cada cuento cantando. Ā”Ni una pluma en la cola de Pedrito! Ā”Ni una pluma! Ā”Ni una pluma! Y lo invitó a ir a cazar el tigre entre los dos. El dueƱo de la casa, que precisamente iba en ese momento a comprar una piel de tigre que le hacĆa falta para la estufa, quedó muy contento de poder tenerla gratis, y volviendo a entrar en la casa para tomar la escopeta, emprendió junto con Pedrito el viaje al Paraguay. Convinieron en que cuando Pedrito viera al tigre, lo distraerĆa charlando, para que el hombre pudiera acercarse despacio con la escopeta. Y asĆ pasó. El loro, sentado en una rama del Ć”rbol, charlaba y charlaba, mirando al mismo tiempo para todos lados, para ver si veĆa al tigre. Y por fin sintió un ruido de ramas partidas, y vio de repente bajo del Ć”rbol dos luces verdes fijas en Ć©l. Eran los ojos del tigre. Entonces el loro se puso a gritar, Ā”Lindo dĆa, rica papa, rĆcate con leche, querete con leche! El tigre, enojadĆsimo al reconocer a aquel loro pelado que Ć©l creĆa haber muerto y que tenĆa otra vez lindĆsimas plumas, juró que esta vez no se le escaparĆa, y de sus ojos brotaron dos rayos de ira cuando respondió con su voz ronca, Ā”AcĆ©rcate mĆ”s, soy sordo! El loro voló a otra rama mĆ”s próxima, siempre charlando, Ā”Rico pan con leche, estĆ” al pie del Ć”rbol! Al oĆr estas Ćŗltimas palabras, el tigre lanzó un rugido y se levantó de un salto. ”¿Con quiĆ©n estĆ”s hablando?! rugió. ĀæA quiĆ©n le has dicho que estoy al pie de este Ć”rbol? Ā”A nadie, a nadie! gritó el loro. Ā”Buen dĆa, Pedrito, la pata, lorito! Y seguĆa charlando y saltando de rama en rama y acercĆ”ndose, pero Ć©l habĆa dicho, estĆ” al pie de este Ć”rbol para avisarle al hombre, que se iba rimando bien agachado y con la escopeta al hombre. Y llegó un momento en el que el loro no pudo acercarse mĆ”s, porque si no, caĆa en la boca del tigre, y entonces gritó, Ā”Rica pata, atención! Ā”MĆ”s cerca aĆŗn! rugió el tigre, agachĆ”ndose para saltar. Ā”Rico tĆ© con leche! Ā”Cuidado, va a saltar! Y el tigre saltó, en efecto, de un enorme salto, que el loro evitó lanzĆ”ndose al mismo tiempo como una flecha en el aire. Pero tambiĆ©n en ese mismo instante el hombre, que tenĆa el cañón de la escopeta recostado contra un tronco para hacer bien la punterĆa, apretó el gatillo, y nueve balines del tamaƱo de un Ć”rbol, apretó el gatillo, y nueve balines del tamaƱo de un garbanzo, cada uno entraron como un rayo en el corazón del tigre, que, lanzando un rugido que hizo temblar al monte entero, cayó muerto. Pero el loro, Ā”quĆ© gritos de alegrĆa daba! Estaba loco de contento porque se habĆa vengado, y bien vengado, del feĆsimo animal que le habĆa arrancado todas las plumas. El hombre estaba tambiĆ©n muy contento porque mataron tigre, cosa difĆcil, y ademĆ”s tenĆa la piel para la estufa del comedor. Cuando llegaron a la casa, todos supieron por quĆ© Pedrito habĆa estado tanto tiempo oculto en el hueco del Ć”rbol, y todos lo felicitaron por su hazaƱa que habĆa hecho. Vivieron en adelante muy contentos, pero el loro no se olvidaba de lo que le habĆa hecho el tigre, y todas las tardes, cuando entraba en el comedor para tomar el tĆ©, se acercaba siempre a la piel del tigre, tendida delante de la estufa, y lo invitaba a tomar el tĆ© con leche. Ā”Rica papa! le decĆa. ĀæQuerĆ©s tĆ© con leche? Ā”La papa para el tigre! Y todos se morĆan de risa, y Pedrito tambiĆ©n. Escuela de Arte de la Costa. Para Proley.
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