
Solo un momento en la vida de una persona, en su lucha con el mismo.
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A young man walks through the city at night, ignoring the pain in his legs. He follows a familiar route, passing by places he knows. He feels a sense of belonging and leaves a piece of his heart in each place. He encounters the sights and sounds of the city at night, including mariachis and women working the streets. He climbs a hill and reflects on childhood memories. He reaches the top and takes a moment to appreciate the view before heading back down. He arrives home, but still feels the urge to continue walking. The night is still young. Ansiedad. Los pasos se escuchan en el escenvero de tierra y grava. Su cuerpo emite el calor de un deportista que acaba de recorrer cuatro kilómetros sin parar. El dolor en sus pantorrillas es insoportable, pero no tiene tiempo de parar y descansar. Su pierna derecha parece que le explotarĆ” en algĆŗn momento, pero Ć©l continĆŗa caminando rĆ”pido, constante. Planea su ruta en su mente. Ya sabe las cosas que mirarĆ”. No hay nada nuevo en el camino que estĆ” frente a Ć©l, pero siente en su pecho una desesperación por cumplir con la ruta que se ha fijado como meta. El sudor recorre su espalda mientras camina un paso tras otro. El calor de la noche hace que el aire se sienta pesado al respirar, pero Ć©l continĆŗa caminando. El dolor en su espinilla y pantorrilla ya no estĆ”. Venció la mente al cuerpo. La primera parada es un callejón. Lo mira y baja por las escaleras. Pasa por afuera de la casa de su amada, pero no estĆ” a la vista, y continĆŗa caminando. Los lugares que frecuenta diariamente ya estĆ”n cerrados. Dirige su mirada hacia atrĆ”s de vez en cuando, en busca de alguien que podrĆa estarlo siguiendo. Eso lo hace por precaución. Pero no hay nadie. Pasa por una de las galerĆas de juegos, y como era de esperarse, cerrado. DespuĆ©s se dirige a la plaza en donde sólo algunos pocos adultos caminan o estĆ”n sentados. Ćl era parte de esa pequeƱa reunión de personas en esa plaza. Respiraciones agitadas, temores reprimidos, muertes y desesperación, pero no. Ćl no lo sabĆa, pues aĆŗn con su cuerpo joven, ignoraba todo eso y aprovechaba el poder de su juventud para sacar todo lo malo a la fuerza que su mente pudiera tener. Da la vuelta a la plaza y continĆŗa su camino. No ha parado, sólo una vez para orinar tras ese escenario comunitario, y continĆŗa caminando sin parar. A veces se pregunta, Āæde dónde saca tanta fuerza? ĀæQuĆ© lo impulsa a caminar asĆ? Ni Ć©l lo sabe. Sólo sabe que si camina, el miedo se marcha, el corazón se calma, y el cansancio en algĆŗn momento llega y puede dormir. Pero para eso aĆŗn falta mucho. La noche aĆŗn es joven. Mientras camina, toma la decisión de quĆ© camino seguir, para dónde ir. Ćl conoce toda la ciudad a la perfección, y gracias a su madre y a sus continuos cambios de domicilio, se habĆa creado un mapa casi perfecto de toda la ciudad en donde vivĆa. AsĆ que era fĆ”cil querer mirar algĆŗn lugar en donde alguna vez ha estado antes. No importa si eso apenas pasó la semana pasada. Ćl sólo querĆa estar ahĆ. Un sentimiento de pertenencia sentĆa cuando estaba sentado en la misma banqueta en donde ha estado viviendo antes. Dejaba un pedazo de su corazón en cada hogar donde vivió en algĆŗn momento. Eso le ayudaba a recordar y tomar decisiones. No importaba que fuera. Sólo eso a Ć©l le ayudaba. Ahora se dirige al boulevard. El camino es largo, pero no piensa en lo que le falta, sino en caminar. Mira los Ć”rboles repletos de tordos dormidos. Se encuentra con algĆŗn borracho derrotado por el alcohol, y lo revisa para saber si trae algo de valor. Pero no trae nada. Sólo unos cuantos cigarros, los cuales toma. El camino continĆŗa, y despuĆ©s de media hora llega a los lĆmites de la ciudad, y es en donde la actividad de la noche aĆŗn estĆ” presente. El sonido de las guitarras y trompetas de los mariachis resuenan en todos lados. Las risas de las seƱoras de la noche sin pudor retumban en las esquinas y en los oĆdos de hombres que ni con dinero podrĆan ganar los favores de una de estas mujeres, que si bien ahora rĆen por dentro, Ć©l sabe que lloran. A estos hombres sólo les queda mirar desde lejos. Por un momento se distrae al mirar una cantina en donde algĆŗn familiar trabajó aƱos atrĆ”s. Algunos recuerdos llegan, pero Ć©l sabe que tiene que continuar. ĀæPero la ciudad? ĀæYa se terminó? ĀæNo hay mĆ”s camino? Y toca regresar. Pero Ć©l jamĆ”s lo hace por el mismo lugar. Puede ser que eso es lo que lo mantenga con vida, noche tras noche, mientras camina por el ardiente piso de la ciudad. Ha decidido subir la colina. Son muchos escalones y el tramo para llegar ahĆ es largo. Pero no importa. Caminar es algo que se le da bien. Ha tomado esa decisión porque logró mirar la cima desde lejos. No hay nada en ese lugar nuevo. Sólo ha decidido ir por ahĆ. ĀæPor quĆ©? Ni Ć©l lo sabe, pero continĆŗa su camino. Hay una subida muy larga y pronunciada. Comienza a subir por esa calle hasta llegar a la cima, y justo cuando comienza a bajar, no puede disfrutar de esa sensación de la gravedad a la inversa, pues el callejón que los llevarĆ” al cerro ha comenzado a su izquierda. Al pasar por ahĆ, recuerda que de niƱo Ć©l jugaba en esa calle, con algunos amiguitos, y la recuerda a ella, a la niƱa que le gustaba y que jamĆ”s volverĆ” a ver en su vida. Piense en ello un momento. Se recarga en su pared por un instante. Cierra los ojos y guarda su recuerdo en su corazón, pero Ć©l sabe que ahĆ ya no hay nada. Sólo el recuerdo de un amor puro e inocente de dos pequeƱos niƱos. Toma ese recuerdo y lo deja ahĆ para el próximo dĆa cuando pase caminando otra vez. Comienza a subir escalón tras escalón. Llega a la mitad del camino. Siempre intenta contarlos, pero no es bueno contando cosas, y pierde la cuenta. A veces se regresa para comenzar otra vez, pero en cada ocasión algo lo distrae y pierde la cuenta de nuevo. Eso es algo que ya dejó atrĆ”s. Pasa el Ćŗltimo escalón y llega a la casa de una exnovia de su hermano. Mira la casa en donde ya no hay nadie. Se sienta, cierra los ojos y recuerda a la familia de esa mujer preparando la comida en donde alguna vez fue una cocina. Ahora sólo quedan los restos de los cimientos. No es algo que le afecte mucho, claro, pero es un recuerdo que tiene de un momento maravilloso. ContinĆŗa caminando. Pasa por lugares un poco desagradables. Los recuerdos de las peleas, los insultos y los pleitos llegan. No todo es bueno en el camino. Y asĆ llega a la cima. Se para en el pequeƱo parque, mejor conocido como Mirador, y mira. Respira. Siente un momento el aire de la montaƱa. Y despuĆ©s de un par de minutos, Ć©l sabe que es hora de regresar. Comienza su camino de regreso, pero esta vez bajarĆ” por la calle, que sólo usan los automóviles, pues bajar en zig-zag es mucho mĆ”s largo que bajar por las escaleras. Pero a Ć©l eso no le importa. Ya ha decidido tomar ese camino. El camino es largo y continĆŗa caminando. AĆŗn no estĆ” cansado. A veces, cuando se acuerda, nota el ardor en sus pies, pero ha logrado ignorar. Siempre esa sensación molesta. ContinĆŗa bajando sin parar hasta llegar, asĆ, a su colonia. Llega a la calle. Camina por donde ha vivido una serie interminable de cosas. Los recuerdos llegan, como siempre, algunos buenos y otros malos. Pasa por ese lugar rĆ”pidamente. El caracterĆstico tope de la iglesia le trae un recuerdo, el recuerdo de un camión de volteo que intentó pasarlo cargado de arena y que se prendió en un fuego por forzarlo. Esa fue la primera vez que miró un auto tan grande, prendido en llamas. Guarda su recuerdo. ContinĆŗa caminando. Llega a una esquina en donde ya ha pasado, pero no hay otro camino. AsĆ que rompe su regla de no pasar por el mismo lugar dos veces. Pero por primera vez en la noche, se siente incómodo. Esa decisión no le ha gustado. Y camina un poco mĆ”s rĆ”pido. Pasa por el callejón y se encamina hacia el centro. Llega a la galerĆa nuevamente y continĆŗa su camino hacia el centro de la ciudad, en donde se encuentra el mercado. Pocos lugares han estado abiertos aĆŗn. Un tipo le pide un peso, pero Ć©l lo ignora y continĆŗa caminando. Llega a la segunda avenida, gira a la izquierda, continĆŗa caminando hasta llegar a la esquina de su casa. Abre la puerta y se encuentra con su madre que aĆŗn estĆ” despierta, mirando la televisión. Frente a Ć©l estĆ” el reloj y marca apenas las once de la noche. AĆŗn queda mucha noche por vivir. Toma una bocanada de aire mientras piensa en que aĆŗn puede salir a caminar un rato. SubtĆtulos por la comunidad de Amara.org
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