
Listen to predicacion 1 by Baltazar Zaragoza MP3 song. predicacion 1 song from Baltazar Zaragoza is available on Audio.com. The duration of song is 24:55. This high-quality MP3 track has 1073.215 kbps bitrate and was uploaded on 11 Dec 2023. Stream and download predicacion 1 by Baltazar Zaragoza for free on Audio.com ā your ultimate destination for MP3 music.










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Baltasar Zaragoza discusses the sin of idolatry and how it affects humanity. He emphasizes the need for repentance and turning to Jesus Christ for salvation. He warns of the consequences of trusting in man and idols instead of God. He encourages listeners to trust in Christ and promises blessings for those who do. Buenos dĆas, buenos dĆas, les saluda a su hermano y servidor Baltasar Zaragoza, el hermano Balta. SaludĆ”ndolo, saludĆ”ndolo, esperando que la paz de Cristo estĆ© con cada uno de ustedes. Vamos a iniciar, vamos a iniciar predicando la palabra de Dios, vamos a iniciar con el Evangelio del SeƱor Jesucristo y dice la palabra de Dios en JeremĆas 17. El pecado de JudĆ” escrito estĆ” con cincel de hierro y con punta de diamante, esculpido estĆ” en la tabla de su corazón y en los cuernos de sus altares. Tan asĆ, tan asĆ, tan fuerte, pero tan fuerte, lo que vivĆan en aquel entonces todas aquellas gentes, el pueblo escogido de Dios despuĆ©s de haber sido trasladado a Babilonia en el cautiverio, en el cautiverio se llenaron de mĆ”s idolatrĆa todavĆa, venĆan de un estado cautivo en Egipto en siglos anteriores, y por el pecado que ellos traĆan, por el pecado que ellos traĆan fueron metidos otra vez en cautiverio, otra vez el cautiverio porque el pecado no se borra, no se borra asĆ de la noche a la maƱana. Y fĆjese lo que dice la Escritura, el pecado, yo se lo pongo de esta manera, el pecado de la humanidad estĆ” escrito con cincel de hierro y con punta de diamante, estĆ” esculpido en la tabla de su corazón y en los cuernos de sus altares. En aquel entonces, y se estĆ” refiriendo a los judĆos, pero hoy en dĆa, hoy en dĆa, esto es para toda la humanidad. Claro que sĆ, la humanidad estĆ” llena de pecado, la humanidad estĆ” perdida, la humanidad estĆ” fuera de la voluntad de Dios, la humanidad estĆ” dominada por el demonio, dominada por el pecado, estĆ” dominada, estĆ” dominada por el pecado que nos asedia a todos y cada uno de nosotros. Dice el verso dos, mientras sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus imĆ”genes de acera, que estĆ”n junto a los Ć”rboles frondosos y en los collados altos, estĆ”n sobre las montaƱas, estĆ”n sobre el campo, todos tus tesoros se entregarĆ© al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo tu territorio. ĀæEn dónde estĆ” el pecado? El pecado, ahĆ lo traemos, lo traemos tallado en nuestro corazón. FĆjese, ni siquiera necesitamos un diagrama en nuestro cuerpo, no necesitamos tatuarlo en nuestro cuerpo, no necesitamos meterle mĆ”s pecado, ahĆ estĆ” esculpido, y Āædónde estĆ” esculpido? EstĆ” esculpido en el fondo de nuestro corazón. AhĆ lo traemos. Por sĆ solo es imposible sacarlo, necesitamos de la presencia del SeƱor Jesucristo para poder ser libres de este pecado. Y sigue diciendo, y sigue diciendo la Escritura, el verso cuatro, el verso cuatro dice, y perderĆ”s la heredad que yo te di, y te harĆ© servir a tus enemigos en tierra que no conociste porque fuego habĆ©is encendido en mi furor que para siempre arderĆ”. AsĆ ha dicho el SeƱor, maldito el varón que confĆa en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Ć©l. Nosotros caminamos por vista, en el mundo caminamos por vista. Ponemos nuestra mirada en un hombre, ponemos nuestra mirada en una figura, ponemos nuestra mirada en una escultura, y no nada mĆ”s nuestra mirada, ponemos nuestra confianza, ponemos nuestra fe, ponemos todo, todo estamos vaciando ahĆ en aquella talla que fue hecha por las manos de los hombres, por todos los lugares que caminamos existen, estĆ”n por el campo, estĆ”n en los cerros, estĆ”n en el camino, estĆ”n en cualquier calle que nosotros caminemos, ahĆ estĆ”n todas esas esculturas a las cuales nosotros ponemos toda nuestra confianza, ponemos toda nuestra fe, entregamos todo a ellas, entregamos todo a todas esas figuras, a toda esa idolatrĆa. Todo damos, todo les damos. Y mire lo que dice el SeƱor, maldito el hombre que confĆa en el hombre. ĀæPor quĆ©? Porque volteamos la mirada a ver a alguien, a algĆŗn ser humano, volteamos la mirada a ver a esas tallas de bronce, de fierro, de madera, de barro, y nuestro corazón se aparta de Cristo. Ponemos nuestra mirada en otro lugar que no sea al SeƱor Jesucristo. ĀæY cuĆ”l es el resultado de desviar nuestra mirada? ĀæCuĆ”l es el resultado de poner nuestros ojos, y no nada mĆ”s nuestros ojos, poner toda nuestra vida ahĆ en esa idolatrĆa horrible que nos asedia dĆa con dĆa? ĀæCuĆ”l es? Vamos a ser como arbustos en el desierto, y no vamos a ver cuando viene el bien, sino que viviremos en sequedales, en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Una soledad tremenda que nos agobia, una soledad tremenda que nos asedia, una soledad tremenda que nos asecha, y no podemos quitĆ”rnosla de encima mientras no volteemos nuestra mirada hacia el SeƱor Jesucristo. Mi amigo que me estĆ” escuchando, mi amiga que me estĆ” oyendo esta maƱana, dice la Biblia que el que creyera y fuere bautizado serĆ” salvo, y el que no serĆ” condenado. Y esta es la condenación, que Cristo vino al mundo, que Cristo vino al mundo, y los hombres, los hombres no le hicieron caso, no creyeron en Ćl. ĀæQuĆ© fue lo que hicieron con Ćl? Lo mataron, lo crucificaron, lo colgaron, lo colgaron. Cristo vino al mundo para salvar a todo aquel que cree en Ćl, a todo aquel que se acerca a Ćl, a todo aquel que lo ve, a todo aquel que tiene una necesidad y ocurre directamente a Ćl. Esto es cuestión de fe, esto es cuestión de creer, de creer en Aquel que vino a morir en una cruz por usted, en Aquel que vino a dar Su vida por toda la humanidad, porque de tal manera amó Dios al mundo, amó Dios al mundo, que dio a Su Ćŗnico Hijo para que todo aquel que en Ćl cree tenga vida eterna, para que todo aquel que no en Ćl cree tenga la vida eterna. De esto se trata el Evangelio, mi amigo, de esto se trata. Todos los males, todos los males nos vienen mientras, mientras estamos adorando otros dioses. Aun usted, aun usted que ya recibió a Cristo en su corazón, aun usted que ya fue bautizado y que anda perdido, anda como la oveja perdida, aun usted, aun usted que se desvió porque se le hace fĆ”cil el mundo, aun usted porque se le hace difĆcil servir al SeƱor Jesucristo, aunque ya ha estado en las aguas bautismales, aunque ya ha hecho esa confesión de fe, aunque ya se ha arrepentido de sus pecados y sus pecados le han sido perdonados, y no se ha alineado correctamente, escĆŗchelo muy bien, no se ha alineado correctamente, sigue en el chisme, sigue en la murmuración, aunque ya dejó esos, esos Ćdolos fĆsicos, pero sigue en, sigue con la lujuria, sigue viviendo en el adulterio, en la fornicación, sigue viviendo en ese mugroso pecado que nos asedia a todos y cada uno de nosotros. ArrepiĆ©ntase, arrepiĆ©ntase, no vaya a ser que haga enojar a Cristo y le dĆ© un buen castigo, le dĆ© un buen castigo por burlarse de la Palabra de Dios, porque es una burla la que usted hace al haber entregado, al haber entregado su vida, al haber estado en una iglesia, al haber estado compartiendo la Palabra de Dios, inclusive compartir la Palabra de Dios, y alejarse, alejarse del rezago o del regazo de nuestro SeƱor Jesucristo, vienen calamidades a su vida. Puede venirle un cĆ”ncer, puede venirle la diabetes, puede venirle la muerte repentina, puede venirle problemas si usted no se arrepiente de todo lo que estĆ” haciendo. Se lo, se lo repito, arrepiĆ©ntase de todos sus pecados. Para eso murió Cristo, amigo, para eso murió Cristo, para perdonarlo. No ningunĆe la sangre de Cristo, no ningunĆe ese sacrificio que Ćl hizo por usted, que Ćl hizo por mĆ, no ningunĆe, no lo deje a un lado. Dele el valor que merece, dele el valor que tiene, dele el valor que le tenemos que dar para poder vivir una vida en paz, para vivir una vida santa, para poder vivir una vida tranquila y poder ayudar al prójimo, poder llevarle la Palabra de Dios, poder llevarle esto que nosotros tenemos, esto que estamos comiendo, esta vida en paz que estamos viviendo, sólo Cristo la da. No lo da en la calle, no lo da en la cantina, no lo da en las ferias, no la vamos a encontrar en ningĆŗn otro lugar mĆ”s que en Cristo, inclusive no lo vamos a encontrar en ninguna denominación, no lo vamos a encontrar en ninguna religión. Esto que Cristo nos ofrece, las religiones, las denominaciones, no lo tienen, no lo tienen, sólo lo tiene Cristo, y tenemos que ir a la fuente, a la fuente de agua viva, asĆ como la mujer samaritana, asĆ como Cristo fue al pozo de Jacob a ofrecerle a la mujer samaritana la fuente, la fuente que salte para vida eterna, y guardarla, y vivirla, y compartirla, y llevarla al necesitado. Todo, todo mundo estĆ” necesitado. Todo mundo necesitamos de Cristo. No somos autosuficientes. La humanidad es creación de Dios. La humanidad es la creación de Cristo, porque fuimos hechos por Ćl, y por medio de Ćl, y para Ćl, dice la Escritura en Colosenses 1.16, todo lo creó Ćl, y como Su Creador, como Su Creador, Cristo lo estĆ”, Cristo lo estĆ” sacando, Cristo lo estĆ” sacando a travĆ©s del Evangelio. De ahĆ donde usted se encuentra postrado, se encuentra enfermo, se encuentra perdido, de ahĆ Cristo lo quiere rescatar. PrĆ©stese, prĆ©stese a que Ćl lo haga. EntrĆ©guele su vida a Cristo. Mire lo que dice el verso siete, "'Bendito el varón, o la varona, cuya confianza estĆ” en Cristo." Bendito el varón, o la varona, cuya confianza estĆ” en Cristo. ĀæPor quĆ©? Porque serĆ” como Ć”rbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echa sus raĆces, y no ve cuando viene el calor, sino que su hoja estarĆ” verde por siempre. En el aƱo de la sequĆa no se fatigarĆ”, ni dejarĆ” de dar su fruto. Ese es el resultado de confiar en Cristo. Ćl es el resultado, ese es el resultado de entregarle nuestra vida a la ribera del rĆo, cuando usted va por ahĆ en un viaje en carretera, o acostumbra cuando descansa de su trabajo ir a la ribera de un rĆo, y ve siempre el verdor hermoso que existe, ahĆ donde estĆ” el cauce del rĆo, siempre verde, siempre verde. Esto es exactamente lo que el hombre necesita si estĆ” siempre conectado a la vida en Cristo. FlorecerĆ” su vida, florecerĆ” su familia, se multiplicarĆ” su trabajo, se multiplicarĆ” su mentera. Siempre habrĆ”, siempre habrĆ” alegrĆa, siempre habrĆ” paz, siempre habrĆ” la misericordia de Dios estarĆ” ahĆ en esa casa, en ese hogar, con este varón, con esta varona. Siempre habrĆ” la bendición de Dios. ĀæPor quĆ©? Porque usted confĆa plenamente en Cristo. Usted confĆa plenamente en Cristo. Luego nos dice el verso nueve, luego nos dice el verso nueve, engaƱoso es el corazón, mĆ”s que todas las cosas, y perverso. ĀæQuiĆ©n lo conocerĆ”? Yo, dice el verso diez, yo, el SeƱor, que escudriƱo la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno segĆŗn su camino, segĆŗn el fruto de sus obras. ĀæCuĆ”les son tus obras? ĀæCuĆ”les son tus obras? ĀæSon malas? ĀæSon buenas? ĀæTus obras son pecaminosas? ĀæTus obras son negativas? ĀæTraes envidia hacia tus parientes, con tus hermanos? ĀæTraes problemas familiares? ĀæTraes problemas con tu esposo? Todo lo que tĆŗ haces, todo lo que tĆŗ haces, Cristo lo conoce, pero tienes libre albedrĆo, tienes un poder de decisión, quĆ© hacer y quĆ© no hacer. ĀæQuĆ© hago o quĆ© dejo de hacer? El corazón, no dejes que el corazón te engaƱe, engaƱoso es el corazón, dice, mĆ”s que todas las cosas, y aparte agrega, y perverso, y perverso. La perversidad, en la perversidad, en el engaƱo. Hablemos de un matrimonio y de una pareja, ya no hay tanta concordancia entre los dos, y empieza el hombre o la mujer a voltear hacia los lados, o tambiĆ©n voltear hacia atrĆ”s, ĀæcuĆ”l va a ser el resultado? Se estĆ” autoengaƱando uno mismo. En lugar de hacernos un examen minucioso de lo que estĆ” sucediendo conmigo, de lo que estĆ” pasando, ĀæquĆ© estoy, quĆ© estoy pensando? ĀæQuĆ© estĆ” pasando en mi vida? ĀæQuĆ© es lo que necesito? Necesito, necesito los consejos de Dios. Necesito los consejos de Dios, porque mire lo que dice, mire lo que dice el Salmo, el Salmo uno, Bienaventurado el varón que no anduvo en consejos de malos, ni en silla de escarnecedores se ha sentado. Bienaventurado el varón que no anduvo en consejos de malos, ni en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la ley de Jesucristo estĆ” Su delicia, y en Su ley medita de dĆa y de noche. Un varón o una varona, como estas, necesitamos en cada hogar, en cada familia. Y se serĆ” como Ć”rbol plantado junto a corrientes de aguas, y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperarĆ”. Ya lo sĆ©, usted estĆ” diciendo en su corazón, yo soy bueno, yo no le hago daƱo a nadie, yo me dedico a mi trabajo, yo me dedico a mantener a mi familia, a mantener mi casa, yo me dedico, yo soy buena persona, yo no tengo necesidad de Dios. Hay muchos dichos de esos, mi amigo. Yo no tengo necesidad de Dios. EstĆ” muy equivocado, estĆ” muy equivocado, asĆ decĆa yo antes de venir a Cristo. Yo no tengo necesidad de Dios. A todos los evangelistas no los corrĆa. No tenĆa necesidad, era autosuficiente. Era autosuficiente en lo material, pero en lo espiritual ni sabĆa que existĆa la vida espiritual. No sabĆa que yo tenĆa un alma y que tenĆa un espĆritu, y que esto que veo aquĆ es un estuche que los envuelve. ĀæQuĆ©, pues, haremos, o quĆ©, pues, diremos? Ajante, que es el Salmo, el Salmo uno, que es un contexto de JeremĆas, lo que estĆ”bamos describiendo. Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni en silla de escarnecedores, se ha sentado. ĀæCómo serĆ” esa persona? ĀæCómo serĆ” esa persona? TendrĆ” la bendición de Cristo. TendrĆ” la bendición de Cristo. TendrĆ” la bendición de Cristo. Su hoja no va a caer. Siempre va a haber una sonrisa en su boca, su corazón siempre va a estar alegre y contento, Āæpor quĆ©? Porque Cristo es el que manda en su vida. Cristo es el que gobierna en su vida. Cristo es el que gobierna en su casa, en su familia. Cristo es el todo en su vida, en la vida de ese varón, que su hoja no cae, ni sea sentado en silla de escarnecedores. Es decir, que no ha sido acusado de nadie, ni por nadie. SĆ, mi amigo, son mĆ”s las bendiciones de Dios que las maldiciones. Deje todo lo que estĆ” haciendo, deje todo lo que estĆ” haciendo, y venga Cristo. Todos los dĆas, por las maƱanas, busque la misericordia de Dios. Todos los dĆas, por las maƱanas, busque el rostro de Dios en oración. Todos los dĆas, una lectura de diez, quince minutos de su Biblia, todos los dĆas, y poco a poco su vida va a ser transformada, su vida se transforma por medio de la Palabra de Dios. No lo deje para maƱana. No lo deje para maƱana. Hoy es el dĆa, hoy es el dĆa de salvación. Hoy es el dĆa que usted ha estado esperando. Ya no aguanta con todo el peso que trae, con todos los problemas que trae. No tiene paz en su vida. Su vida parece un remolino horrible, tremendo, peor que los que se levantan en el OcĆ©ano PacĆfico, o en el OcĆ©ano AtlĆ”ntico, o en el Golfo de MĆ©xico. Ya no aguanta todo lo que estĆ” viviendo, todo lo que estĆ” pasando. Cambie su estilo de vida. Voltee. ArrepiĆ©ntase de sus pecados. ArrepiĆ©ntase de todo. El arrepentimiento es lo mejor que podemos hacer. Es el paso nĆŗmero uno para vivir este tipo de vida, este estilo de vida, la vida en Cristo. El arrepentimiento, acompaƱado de fe. El arrepentimiento, acompaƱado de contentamiento. AsĆ es la vida en Cristo. El tiempo se nos ha terminado. El SeƱor te bendiga y te guarde. El SeƱor haga resplandecer su rostro sobre usted, y tenga de usted misericordia. El SeƱor alce a usted su rostro, y ponga en su vida paz. Bendiciones.
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