

Nothing to say, yet
Listen to Cuatro lecciones aprendidas en el libro de Romanos Expositora Guiselle Araya Dom 09 de Junio 2024 by OLIVO VERDE COSTA RICA MP3 song. Cuatro lecciones aprendidas en el libro de Romanos Expositora Guiselle Araya Dom 09 de Junio 2024 song from OLIVO VERDE COSTA RICA is available on Audio.com. The duration of song is 33:48. This high-quality MP3 track has 157.909 kbps bitrate and was uploaded on 10 Jun 2024. Stream and download Cuatro lecciones aprendidas en el libro de Romanos Expositora Guiselle Araya Dom 09 de Junio 2024 by OLIVO VERDE COSTA RICA for free on Audio.com – your ultimate destination for MP3 music.










Creator Music & SFX Bundle
Making videos, streaming, podcasting, or building the next viral clip?
The Content Creator Music & SFX Bundle delivers 70 packs of hard-hitting tracks and sound effects to give your projects the fresh, pro edge they deserve.










Comment
Loading comments...
The speaker reflects on their 76 weeks of studying the Book of Romans and shares four important lessons they have learned. The first lesson is that salvation is obtained through the grace of the Lord and not through one's heritage or works. The second lesson is that those who have understood the magnitude of Christ's sacrifice should live a life worthy of repentance. The third lesson is that good works are a result of salvation, but they do not earn salvation. The speaker emphasizes the importance of understanding the concept of justification. La siguiente es una producciĂłn de la comunidad Olivo Verde, Costa Rica. DespuĂ©s de 76 semanas de indagar en el Libro de Romanos, de estudiar el Libro de Romanos, yo me hice una pregunta a mĂ misma hace unos dĂas. ÂżQuĂ© me ha quedado a mĂ de todo esto? ÂżQuĂ© he aprendido a lo largo de estas 76 semanas? Yo me hice esa pregunta y empecĂ© a analizar cosas, a meditar en algunas cosas, y empecĂ© a hacer algunas anotaciones. Cuando el pastor me dijo, Âżpuedes compartir algo con la iglesia? Yo le dije, amĂ©n, sĂ, quĂ© bendiciĂłn, quĂ© privilegio es hablar de la Palabra. Y yo le decĂa al pastor, yo he aprendido cuatro cosas, he aprendido más, y en 76 semanas se han dicho muchas cosas, y hemos podido aprender muchĂsimas cosas. Pero yo, dentro de todo eso, dentro de tanta informaciĂłn y tantas cosas que se han dicho, yo extraigo cuatro. No son las Ăşnicas, repito, pero para mĂ son cuatro lecciones, cuatro verdades que son trascendentales, que son básicas, elementales, en la vida del pueblo de Dios. Hace unos años atrás tuve la oportunidad de leer un libro, hace muchos años, hace más de 15 años que leĂ el libro. No retengo toda la informaciĂłn del libro porque ha pasado ya mucho tiempo, pero hay algo que a mĂ me quedĂł grabado desde el primer momento en que yo leĂ esa parte en el libro, y fue la dedicatoria del libro. El autor del libro dedicĂł su obra y dijo, a mis amigos, los que me enseñaron lo que no sabĂa y me despertaron a lo que ya sabĂa. Hay veces, hermanos, que no sabemos cosas, pero hay veces que estamos dormidos ante el conocimiento que está frente a nosotros. Y para efectos prácticos y funcionales es lo mismo estar dormido ante algo y no saberlo. Hay una parálisis, hay un no actuar. Entonces, hoy quiera a Dios en su misericordia y en su gracia nos enseñe lo que no sabemos y nos despierte a lo que ya sabemos. La primera verdad maravillosa, la primera lecciĂłn gloriosa del libro, de la carta de Pablo a la iglesia de Roma, es dejarles en claro, clarĂsimo a esta gente que la salvaciĂłn se obtiene a travĂ©s del favor y de la gracia del Señor. Pablo deja clarĂsimo esa enseñanza a lo largo de los primeros capĂtulos del libro de Romanos. El una y otra vez y otra vez le repite a los hermanos, no se crean que ustedes por ser judĂos son mejor que el pueblo gentil. No se engañen. No crean que el ser descendientes de Abraham, que el ser poseedores de la promesa de Dios, que de tener como muestra de escogencia de Dios la circuncisiĂłn en el cuerpo de los varones, ustedes son mejor. Van a optar por la salvaciĂłn más rápido que el pueblo gentil. No se la crean. No se equivoquen. Delante de Dios todos estamos en la misma condiciĂłn de condenaciĂłn. Usted y yo y cada ser humano que obtiene una realidad en su vida está condenado y va camino a la condenaciĂłn, salvo que logre volver su mirada a la cruz, pueda confiar en el sacrificio que Cristo hizo en la cruz del Calvario y a partir de ahĂ pase lo que la Biblia dice que estamos muertos, pasamos a vida. Si yo puedo ver el sacrificio de Cristo y puedo creer que eso es suficiente para salvarme, mi confianza la deposito en eso. Dice la Biblia que Él me salva, que es suficiente y que yo no tengo que hacer absolutamente nada, nada. No puedo agregar, no puedo quitarle a eso. Es por gracia, es gratuito. Lo Ăşnico que se requiere es mi confianza en ese sacrificio, creer que es suficiente, que es suficiente y que yo no tengo que hacer absolutamente nada. Es absolutamente por gracia, es absolutamente por gracia. Y gracia quiere decir favor inmerecido. Usted no lo merecĂa, yo no lo merecĂa. No hay un ser humano que merezca la gracia de Dios. No existe. No ha nacido ni va a nacer. Y Dios enviĂł a su Hijo, a su Ăşnico Hijo, a morir por usted y a morir por mĂ. Él pagĂł el precio de nuestra salvaciĂłn. Y si usted y yo podemos confiar en eso, si cualquier ser humano puede confiar en eso, dice la Biblia, que ha pasado de muerte a vida y que ahora ya no es condenado, que ahora vive a travĂ©s de la gracia del Señor. Esa es la primera gran lecciĂłn que nos enseña el Libro de Romanos. El Libro de Romanos está escrito, dicen los especialistas, que es el libro que habla y propone y establece la salvaciĂłn de Dios para el ser humano, su manera en cĂłmo Dios la presenta en el propĂłsito de Dios para el ser humano. Segunda lecciĂłn que yo aprendĂ a travĂ©s del estudio del Libro de Romanos. Se espera de usted y de mĂ, si hemos sido capaces de ver, de apreciar y de entender la magnitud del sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario y el impacto que eso tiene en mi vida actual y en mi vida eterna, entonces de usted y de mĂ se esperan los frutos, dice el apĂłstol, dignos de alguien que se ha arrepentido y que ha entendido el calibre de lo que se hizo en la cruz del Calvario. En Efesios, y aquĂ vamos a empezar, si usted tiene Biblia, muy bien, sino yo voy a leer para usted, son varios pasajes pero no los vamos a leer todos. Porque no solo el apĂłstol Pablo, Pedro, Santiago, Juan, varios autores hablan de esto, de lo que se espera de usted y de mĂ. Son instrucciones de cĂłmo debemos vivir. Vamos a ir a Efesios 4, en el versĂculo 17, voy a leer una parte porque es extenso, no vamos a leerlo todo, pero voy a leer una parte para que usted y yo veamos lo que se espera de usted y de mĂ como hijos redimidos de Dios. Dice el apĂłstol Pablo en el capĂtulo 4 a la altura del verso 17, ahora les pido de parte del Señor JesĂşs que ya no vivan como los que no conocen a Dios, pues ellos viven de acuerdo con sus tontas ideas, son gente ignorante y terca, que no entienden nada y por eso no disfruta de la vida que Dios da. Han perdido la vergĂĽenza, se han entregado totalmente a los vicios y se hacen toda clase de indecencias. Pero no es esto lo que ustedes aprendieron acerca de Cristo, porque ustedes oyeron el mensaje acerca de Él y saben vivir como Él manda, siguiendo la verdad que Él enseñó. Por eso ya no vivan ni se conduzcan como antes, cuando los malos deseos dirigĂan su manera de vivir. Ustedes deben cambiar completamente su manera de pensar y ser honestos y santos de verdad, como corresponde a las personas que Dios ha vuelto a crear para ser como Él. DespuĂ©s en el capĂtulo 25 dijo, por esto, o sea, por esa realidad, por ese resultado que es el que yo he entendido, que a mĂ me trajeron de muerte a vida, dice, por eso, dice el apĂłstol, ya no deben mentirse los unos a los otros, todos somos cuerpos, todos somos miembros de un mismo cuerpo. Y ahĂ sigue dando instrucciones. A la altura del capĂtulo 5, iniciando el 5, dice, ustedes son hijos de Dios y Él los ama. Por eso deben tratar de ser como Él es, deben amar a los demás, asĂ como Cristo nos amĂł y muriĂł por nosotros. Para Dios la muerte de Cristo es como el delicado aroma de una ofrenda. Ustedes son parte del pueblo de Dios, por eso ni siquiera se deben hablar de pecados sexuales, ni de decencias, ni de ambiciones exageradas. Y vuelve a dar una lista, un listado de conductas que son propias de la gente que ha sido lavada por la sangre del Señor. El capĂtulo 12 y 13 del Libro de Romanos son capĂtulos enteramente conductuales, hablan de conducta humana, habla, el apĂłstol Pablo dice, ahora sĂ, esa es la manera en la que ustedes deben de vivir. Se espera, hermano, hermana, se espera de usted y de mĂ frutos dignos, que sean, que los identifiquen. Usted y yo hoy tenemos una identidad diferente, ya nosotros no somos los mismos de antes. Hoy la identidad suya y mĂa está en funciĂłn de lo que Dios hizo por nosotros. Hoy es la persona de JesĂşs y Su EspĂritu Santo que vive en usted y en mĂ, el que nos da identidad. Y a partir de esa verdad maravillosa, usted y yo damos frutos. Que revelen esa identidad en usted y en mĂ, que sean dignos de personas que han sido lavadas por la sangre del Cordero, que han creĂdo en el sacrificio de JesĂşs y a partir de eso viven. Y uno lee, por ejemplo, si termina de leer y lee con detalle, los capĂtulos 4 y 5 de Efesios, Pablo le está hablando, no le está hablando incoerentes, Ă©l les habla, no se emborrachen, no sean mentirosos, no sean inmorales sexualmente, no roben, no mientan. Y uno dice, Âża quiĂ©n le está hablando Pablo? Pablo le está hablando al pueblo de Dios, a la iglesia de Éfeso, no le está hablando a gente que no conoce. Pablo le está hablando a gente que conoce a la iglesia de Éfeso, le está hablando, porque Ă©l sabe que usted y yo tenemos una naturaleza caĂda, Ă©l lo sabĂa. A sabiendas de eso, claro y consciente de su naturaleza y de la mĂa, Pablo le habla a la gente y le dice, asĂ es como deben vivir. Porque yo sĂ© que todos renqueamos, aquĂ todos renqueamos, no del mismo pie pero todos renqueamos. Y empiezan a hablar, y repito, habla de borracheras, habla de inmoralidad, habla de robo, habla de mentira, habla de deshonestidad, habla de un montĂłn de cosas. Y no le está hablando a gente que no conoce, le está hablando a gente que conforma al pueblo de Dios, pero que debe ir siendo transformada porque de usted y de mĂ, del pueblo de Dios, se espera la conducta coherente a lo que decimos creer. ÂżSĂ está de acuerdo conmigo? ÂżVerdad que sĂ? Eso es lo que Dios espera, lo espera menos. Entendiendo hermano, quedando clarĂsimo algo, esas buenas obras, porque asĂ lo proponen algunos otros apĂłstoles, esas buenas obras, esos frutos que usted y yo damos, son el resultado de la salvaciĂłn, pero jamás, jamás serán un camino para obtener salvaciĂłn, nunca. Tiene que quedarnos muy claro eso hermanos, son el fruto de la salvaciĂłn, pero jamás serán lo que usted y yo hagamos para obtener el favor de Dios. La salvaciĂłn es gratuita, como vimos antes, es gratuita, es por gracia y no por obras. No importa quĂ© tan bueno sea usted, ni quĂ© tan bonito se porte usted y yo, ni quĂ© tan malo pueda ser y quĂ© tan malo se pueda portar. Ni uno ni lo otro va a inclinar la balanza para que Dios lo salve a usted o me salve a mĂ. Lo Ăşnico que va a hacer que Ă©l nos salve es su sacrificio. Y esto nos lleva al tercer punto. Necesitamos hermano, entender de manera correcta el concepto de justificaciĂłn. Hace unos dĂas atrás, hace un tiempo atrás, tuve la oportunidad de hablar de este tema acá. Y hablamos de lo que era la justificaciĂłn, porque cuando usted y yo pensamos en justicia de Dios, muchas veces lo hacemos de una manera muy básica, muy elemental, muy humana. Pero Dios quiere que usted y yo entendamos la justificaciĂłn como Él la diseñó, como Él la piensa, como Él quiera que sea entendido. De esto va a depender, en buena medida, nuestro avance o nuestro estancamiento en las cosas de Dios. Entender conceptos como los que estamos viendo. Y la justificaciĂłn es un concepto que debe ser muy bien entendido. Y entenderlo como Dios quiere que sea entendido. Y entonces Âżtengo que tener el concepto claro en justificaciĂłn? ÂżQuĂ© necesito tener claro? ÂżDĂłnde necesito? ÂżQuĂ© cosas necesito entender y saber? NĂşmero uno, necesito hacerme la pregunta, Âżpara quĂ© Dios me hace justo? ÂżCuál es el propĂłsito de Dios de hacerme justo, justa, justo? ÂżCon quĂ© propĂłsito lo hace? ÂżSerá que Dios me hace justo o justa para hacerme más bueno, mejor persona? ÂżSerá que cuando Dios me justifica, Él quiere que yo sea más equitativo en mis apreciaciones, menos prejuicioso a la hora de emitir un juicio en la medida y con respecto a cualquier situaciĂłn? ÂżSerá que Dios me hace justo para que yo me conduzca mejor y ya no haga tantas chanchadas como dice Fede? ÂżPara quĂ©? Para ninguna de esas cosas Él me hace justo, hermano. Dios no vino a hacerme justa y justo para ninguna de esas cosas que mencionĂ© ahora. Cristo viene, Dios lo envĂa a este mundo y viene con un propĂłsito, morir en la cruz, pagar sus pecados y mis pecados, pagar la deuda suya y mĂa, derramar su sangre para limpiar sus pecados y mis pecados y ponernos en paz con Dios. Esa es la misiĂłn de Cristo. A eso vino el Hijo de Dios, a morir en la cruz y a presentarnos justos ante Dios. Dice la palabra que es la propiciaciĂłn, que Cristo es la propiciaciĂłn y la propiciaciĂłn es un sacrificio. Dice que Él es el sacrificio, que es la propiciaciĂłn a sus pecados y a mis pecados. Hoy Dios nos ve a travĂ©s de ese sacrificio. Hoy nos ve a travĂ©s de la persona de JesĂşs en la cruz del Calvario. Para eso vino el Hijo de Dios, para poder que Dios me vea a travĂ©s de ese sacrificio y entonces poder salvarme. De lo contrario no podrĂa. De lo contrario no podrĂa usted ni yo ser salvos. Solamente a travĂ©s de la justificaciĂłn que el Señor nos da al morir en la cruz. Él pagĂł sus pecados, pagĂł mis pecados y hoy nos presenta justos delante de Dios. Lo grande de la gracia de Dios, lo maravillosa que es su justicia en el ser humano. Que estas personas o cualquier otra persona, hermano, se vuelve a la cruz, acepte y confĂa en el sacrificio que Cristo hizo y es declarado justo y justa delante de Dios. Es asĂ de magnĂfico, es asĂ de glorioso, es asĂ incomprensible por el ser humano. Esa es la justicia. Y la justicia de Dios no está en entredicho, no está en entredicho, no es ni Ă©tica ni moralmente cuestionable porque no se aplica en funciĂłn de la maldad o de la bondad de un ser humano, se aplica a travĂ©s del sacrificio de Cristo en su cruz. Es una maravilla, hermano, que aquĂ no importa, en esencia, la gracia de Dios cubre eso y cubre todo. AsĂ de grande es, asĂ de magnĂfica es la gracia. Por eso, repito, el carácter de Dios, Ă©tico-moral, no está en entredicho porque su justicia no se aplica a partir de lo bueno o de lo malo que hagamos. Es aplicada al ser humano a travĂ©s del sacrificio de Cristo. No vino el Señor cuando hablamos de justicia y de que Dios va a hacer justicia para nosotros. Tendemos a pensar, ah, ok, Dios va a pelear mi causa, a vengar mi dolor, todas las maldades que me han hecho, Él va a hacer justicia para mĂ. No, hermano, no. Es que no le importa, no es que no tiene que ver con que a Dios le importe o no, todos sus traumas, todos sus sufrimientos, todos sus padecimientos, a Él le importan y le importan mucho. Pero Él no vino a vengar causas. Él no vino a, de una manera directa, a sanar su pasado. No vino a eso, hermano. Él vino a aplicar la justicia de Dios en el ser humano, poniĂ©ndolo en paz con Dios. Vaya conmigo a Lucas, por favor, para que veamos la realidad de esto. Lucas 12. La justicia de Dios no se aplica en la vida del ser humano. Nosotros pensamos que se hace justicia de Dios cuando al que nosotros concebimos malvado, le va muy mal, y al que nosotros concebimos bueno, le va muy bien. Y entonces decimos, Dios hizo justicia. No es asĂ como aplica la justicia de Dios. Porque Dios, repito, no vino a pelear causas de nadie. Él vino a poner al ser humano en paz con Dios. En el capĂtulo 12, en el verso 13, vea lo que dice el Señor. Vea cĂłmo tenemos la aclaraciĂłn de esto. Dice, uno de los que están, el Señor viene enseñando ahĂ a la multitud, a la altura del verso 13, dice, uno de los que estaban allĂ le dijo a JesĂşs, Maestro, ordĂ©nale a mi hermano que me dĂ© la parte de la herencia que me dejĂł nuestro padre. JesĂşs le respondiĂł, a mĂ nada más que responde resolver el pleito entre tu hermano y tĂş. Fue claro. El Señor le dice, no se equivoquen. Yo no le vine a arreglar las broncas a nadie. Yo vine a ponerlo en paz con Dios. Abrir un camino libre y gratuito, dice la palabra, hasta el trono de gracia, hasta el lugar santĂsimo. AhĂ somos limpios, somos depositores. Se nos deposita el EspĂritu Santo y empieza a regenerar nuestras vidas a travĂ©s de la palabra. No a travĂ©s de pensamientos ni ideologĂas. No. Viene a regenerar nuestra vida a partir de la palabra. Y conforme vamos creciendo y madurando, y conforme la palabra va teniendo efecto en usted y en mĂ, vamos sanando, vamos madurando, vamos creciendo en el conocimiento de Dios. Y entendemos que nuestro paso por aquĂ es rápido, es fugaz. Que por aquĂ vamos como peregrinos y extranjeros. Que no deberĂamos arraigarnos a nada, menos a rencores, a resentimientos, a dolores y etcĂ©tera. Que su meta y mi meta es eterna. Que su visiĂłn y la mĂa es lo eterno, no es lo de acá. Pero eso se logra cuando logramos madurar a partir del conocimiento de la palabra del Señor. Y empezamos entonces a darle valor, como dice el Señor, atesoren cosas allá. No aquĂ, dice, porque aquĂ el ladrĂłn roba. La policĂa carcome. No atesoren aquĂ, dice, atesoren allá. Cambiamos la mentalidad, por eso el apĂłstol dice, cambien la mente. Transformen, renueven, eso es lo que conviene. Y a eso vino el Hijo de Dios, a ponernos en paz con Dios, a abrir un lugar, una entrada, un camino donde usted y yo podamos empezar a ser transformados por su EspĂritu Santo a travĂ©s de su palabra. Llegamos al Ăşltimo punto, y esto es maravilloso, la trascendencia de la iglesia y el servicio. Esa fue una lecciĂłn maravillosa, gloriosa, maravillosa aprendida a lo largo del Libro de Romanos. Los primeros libros nos hablan de salvaciĂłn, nos hablan de condiciĂłn de ser humano. Los Ăşltimos capĂtulos de la Carta a los Romanos no es menos fascinante, no es menos de instrucciĂłn, no es menos... no nos da menos enseñanza. Cualquiera podrĂa decir, ay, pero ahĂ Pablo habla, saluda a mucha gente y da muchas instrucciones. Hermanos, del capĂtulo 11 hasta el 16, si usted lo lee detenidamente, Pablo va paso a paso guiándonos, enseñándonos, instruyĂ©ndonos en dos verdades maravillosas, en dos lecciones maravillosas. Una, la trascendencia y la importancia de la iglesia. Crucial, es el grupo de personas, hijos e hijas de Dios que conforman su pueblo, sobre las cuales se deposita la responsabilidad de proclamar su reino, de reflejar su gloria y de ver sus bendiciones. Son fascinantes estos capĂtulos. Nos hablan de la importancia, del amor, de la compañĂa, del respaldo que se da en el pueblo de Dios. Cuando repetidamente el pastor nos ha dicho y nos ha enseñado, logramos establecer vĂnculos de peso, vĂnculos reales en la iglesia del Señor. Entonces la iglesia se vuelve ese soporte vital para usted y para mĂ. Somos acompañados, somos sostenidos, somos acuerpados en medio del pueblo de Dios. Se nos apoya en oraciĂłn, se nos apoyan las necesidades econĂłmicas, se nos da cariño, nos soportamos y crecemos. Es increĂble, si usted ve los capĂtulos a partir del 11, vemos cĂłmo Dios tiene un propĂłsito especĂfico con Pablo y el propĂłsito por el cual Pablo es traĂdo y es renovado por el EspĂritu. Él tiene un propĂłsito, Dios tiene un propĂłsito con Pablo y es usar la vida de Pablo para llevar el Evangelio y el mensaje de vida al pueblo gentil. Es el apĂłstol de los gentiles. Esa es la misiĂłn de Pablo y por eso, primero por la gracia de Dios y segundo por ese trabajo que Pablo hizo tantĂsimos cientos de años atrás. Hoy usted y yo estamos aquĂ hablando de la palabra, instruyĂ©ndonos en la palabra, aprendiendo del Señor. Porque el que no era pueblo vino a ser pueblo. El que no tenĂa ninguna conexiĂłn con Dios a partir de la prĂ©dica de la enseñanza que Pablo lleva al pueblo gentil, hoy somos, dice, ramas insertadas y venimos a ser parte del pueblo de Dios. Pablo es escogido, repito, por el Señor para llevar el mensaje. Y el Señor se valiĂł de todo lo que tenĂa que valerse. Cuando Pablo es confrontado por Dios en su camino, cuando iba de camino, en una caravana, Ă©l cae al suelo. Y el Señor le habla ahĂ, todos, bueno, la mayorĂa conocemos la historia, y luego el Señor le dice a AnanĂas, le dice AnanĂas, le dice al Señor, ve a visitarlo, ora por Ă©l. Le dice, Señor, pero Ă©l persigue a tu iglesia, Ă©l mata a tus hijos. Y el Señor le dice, sate tranquilo, porque yo le voy a enseñar a Pablo lo que va a tener que padecer a causa de mi nombre. Yo lo voy a llevar por un proceso. Y vemos un proceso glorioso, maravilloso de Dios con Pablo. Lo llevĂł por un camino glorioso, pero de peripecias. Lo sostuvo y lo guardĂł en medio de tribulaciones impresionantes. Lo protegiĂł, lo respaldĂł de una manera impresionante tambiĂ©n, con milagros, con una enseñanza profunda y gloriosa del Evangelio. Hizo todo lo que tenĂa, Dios se valiĂł de todo lo que tenĂa que ser con tal de que el propĂłsito en la vida de Pablo y en el pueblo gentil se llevara a cabo. Hizo todo lo que tenĂa que ser para que eso se lograra. Y vemos a un hombre que se dispuso a vivir un proceso formativo de Dios en Ă©l y a obedecer sin cuestionar. Eso es impresionante. Vemos a un hombre tambiĂ©n que amĂł a la iglesia del Señor por encima de sus necesidades y de su vida. Hay un momento dado en el libro de Romanos, cuando Ă©l dice que tiene un profundo dolor por su pueblo, por el pueblo judĂo. Dice, los cuales son hermanos en la carne. Dice, y por ello sufre profundamente. Yo estoy dispuesto. Nada más vea el nivel de vinculaciĂłn que tenĂa Pablo y de claridad en lo que para Ă©l habĂa sido llamado. Y Ă©l dice, es mi amor y mi dolor tan profundo por el pueblo de Dios, por mi pueblo, que yo estoy dispuesto a perder esto, a ser declarado maldito por amor a mi pueblo con tal de que ellos sean salvos. ÂżUsted se imagina un nivel de vinculaciĂłn asĂ? Pablo era un hombre que sabĂa el valor, reconocĂa el valor de la iglesia de Dios, el valor del pueblo de Dios, el valor de cada hombre y cada mujer, joven y niño, anciano, al cual se le predicaba el evangelio para salvaciĂłn. Él sabĂa que cada alma valĂa, que cada alma valĂa, su esfuerzo, sus tribulaciones, su dolor, su desgaste. Él sabĂa cuánto valĂa cada persona. Y por eso, Ă©l estuvo dispuesto a enfrentar cualquier cosa. Inclusive, repito, pasĂł por altos sus necesidades y aĂşn estuvo dispuesto a dar su vida. AmĂł la iglesia de Roma, y eso es fascinante. AmĂł la iglesia de Roma de una manera tan impresionante, tan increĂble, aĂşn sin conocerla. Él escribiĂł una carta gloriosa, todas unas instrucciones y unas cosas bellĂsimas, preciosas, que representaban el caminar, el poder caminar en libertad para todas aquellas personas. Y ya no arrastrar la condenaciĂłn de la ley. Enseña a la iglesia de Roma cosas gloriosas, maravillosas. Y no la conocĂa. Y habĂa grandes posibilidades de que Ă©l no llegara a conocerla. Sin embargo, con una pasiĂłn impresionante se entrega y enseña. Aprendemos eso de Pablo tambiĂ©n, y del Libro de los Romanos. Recapitulando, cuatro lecciones aprendidas del Libro de Romanos. La salvaciĂłn es por gracia. No hay un ser humano que sea digno de ella. Todos estamos en estado de condenaciĂłn. Cristo viene, muere y salva. Paga el precio por mis pecados y me salva. NĂşmero dos, producto del entendimiento, de algo tan magnĂfico y tan glorioso, de saberme salvo por gracia, de manera gratuita. Hoy mi vida está dedicada a Él, a Su servicio, a Su alabanza, y a indagar cĂłmo puedo agradarle y vivir para Él. Tercero, la justificaciĂłn es la obra gloriosa de Cristo, donde me hace justo no para ser más bueno, no para ser mejor, no para ser más equitativo. Me presenta justo a travĂ©s de Su sacrificio ante Dios para poder salvarme. Cuarto, entiendo el valor trascendental de la Iglesia de Dios y del servicio al pueblo de Dios a travĂ©s de los dones que Él deposita en su vida y en mi vida. Alguien puede pensar a manera de conclusiĂłn ya. Dice la Biblia que los homicidios, las inmoralidades, las guerras y todo eso proviene, Âżsabe de dĂłnde, hermano? Del corazĂłn, dice. AhĂ dice, esa es la raĂz. AhĂ dice, ese es el hervido, ese es el caldo de cultivo, dijo Jesucristo enseñándole a la gente. No se equivoquen. Nunca menciona al diablo, dice, no se equivoquen. Todas esas cosas perversas nacen del corazĂłn del hombre. Pero allá en uno de los libros, en Juan, en Primera de Juan, el apĂłstol dice, porque para esto apareciĂł el Hijo de Dios para deshacer las obras del diablo. Entonces, Âżde cuáles obras del diablo está hablando? En el EdĂ©n, el diablo engañó al hombre y a la mujer. Los hizo pensar y creer que ellos podĂan ser igual a Dios, que ellos podĂan estar a la altura de Dios. Los sedujo, los engañó y hoy sigue engañando a la gente. Y si usted y yo nos ponemos, nos va a engañar tambiĂ©n. ÂżCĂłmo nos engaña el diablo? Hermano, el diablo nos seduce. El diablo está ahĂ, se anda como leĂłn rugiente viendo a quiĂ©n devorar, con sus argumentos. Nos hace pensar, como hizo pensar al hombre en el EdĂ©n y a la mujer, que ellos podĂan ser igual a Dios, que ellos no necesitaban a Dios. Nos pone la misma trampa hoy a usted y a mĂ. Nos pone a pensar muchas veces que usted y yo somos suficientes en nosotros mismos, que no ocupamos nada, que nos la jugamos bonito nosotros. Nos hace creer que lo más importante que usted y yo podamos obtener es el Ă©xito, que eso es lo mejor, lo más importante. Nos hace centrarnos en nosotros mismos, nos hace postergar las cosas importantes, nos seduce y nos hace pensar que Dios puede esperar. Estoy siendo bueno, yo me estoy portando bonito y eso es suficiente, entonces Dios no tiene que reclamarme porque yo soy bueno. Nos seduce con ese tipo de pensamientos, nos hace pensar que Dios puede esperar porque yo estoy portándome muy bien, que la familia puede esperar, que las relaciones pueden esperar porque ahora yo soy el centro del universo, porque ahora yo soy lo más importante, porque mi Ă©xito es lo que voy a perseguir. Y asĂ sigue, haciĂ©ndonos, llevándonos a pensar que podemos hacer mezclas, fusiones de ideologĂas humanistas, orientales, superaciĂłn personal, Biblia, que podemos hacer una fusiĂłn, una amalgama rarĂsima, que suena lindo y que podrĂa funcionar en momentos dados, en episodios especĂficos y nos hace creer y nos hace centrarnos en eso. Esa es la obra del diablo. A eso vino JesĂşs, a deshacer esos argumentos, dice, a derribar todo argumento que se opone a la verdad y al conocimiento de Dios. A eso vino el Señor. Esas son las obras del diablo que vino a deshacer, hermano. Ayudarnos a entender que no hay nada por sobre la palabra de Dios, que no hay nada por sobre ella. Que su vida y mi vida tiene valor y sentido en el momento que Cristo es el centro, el fin y el medio de todo. Por Él, para Él y en Él son todas las cosas. AhĂ cobra sentido. Cuando yo me doy cuenta de mi pobreza espiritual, de mi necesidad absoluta, de mi condenaciĂłn y de la que la verdad Ăşnica, absoluta y perfecta es que eso sĂłlo se va a revertir a travĂ©s del sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario. Quiera Dios enseñarnos estas y otras lecciones que son cruciales y trascendentes en la vida, para poder crecer y madurar y avanzar en el conocimiento Suyo. Para poder honrarlo a Él, vivir de tal manera que Él sea honrado, que sea glorificado, que sea bendecido a travĂ©s de mis frutos y a servirle con pasiĂłn y con entrega. Y que podamos aprender, repito, lo que no sabĂamos y despertar a lo que sabemos. AmĂ©n. Inclina su cabeza y vamos a orar. Agradecemos su atenciĂłn. Si este material ha sido Ăştil para usted, le rogamos que lo pueda compartir. Somos Olivo Verde Costa Rica.
There are no comments yet.
Be the first! Share your thoughts.
