
Un kilo de manÃas de David Paloma, leÃdo por Jimena Ruiz.
Listen to unkilodemanias by Jimena Ruiz MP3 song. unkilodemanias song from Jimena Ruiz is available on Audio.com. The duration of song is 04:58. This high-quality MP3 track has 610.04 kbps bitrate and was uploaded on 16 Jun 2024. Stream and download unkilodemanias by Jimena Ruiz for free on Audio.com – your ultimate destination for MP3 music.










Creator Music & SFX Bundle
Making videos, streaming, podcasting, or building the next viral clip?
The Content Creator Music & SFX Bundle delivers 70 packs of hard-hitting tracks and sound effects to give your projects the fresh, pro edge they deserve.










Comment
Loading comments...
A man with many quirks buys everything by weight, including books. He meets a grocer, a fruit seller, and a librarian who advise him to be more precise in his purchases. He falls in love with the librarian and they live happily together, but he develops a new quirk of filling a notebook with kisses. Un kilo de manÃas, de David Paloma, leÃdo por Jimena Ruiz. HabÃa una vez un hombre que vivÃa solo y que estaba cargado de manÃas. DormÃa con dos cojines debajo de cada brazo. Nunca se levantaba con el pie izquierdo. Se duchaba con agua frÃa los dÃas laborables y con agua caliente los fines de semana. Siempre se sentaba de manera que quedara perpendicular a la mesa. Desayunaba lo que más le apetecÃa y después se lavaba los dientes de arriba con un cepillo que era el doble de largo que el cepillo que usaba para los dientes de abajo. Y cada dÃa, cuando salÃa a comprar, cogÃa un cesto, o tres, o cinco, siempre un número impar. Ah, y lo compraba todo a peso. ¿Puede ponerme un kilo de rábanos, por favor? ¿Algo más? SÃ, un kilo de zanahorias bien largas. ¿Algo más? Y un kilo de tomates. Al verdulero le extrañaba bastante la cantidad de kilos que le vendÃa. Y también al frutero le parecÃa raro. Póngame un kilo de melocotones, por favor. PedÃa con cortesÃa. ¿Algo más? Y un kilo de plátanos, no muy maduros. ¿Algo más? Y un kilo de lo que sea, mientras esté de oferta. El hombre compraba a peso incluso las cosas que se venden por unidades. ¿PodrÃa venderme un kilo de libros, por favor? Le decÃa a la librera. La librera alzaba las cejas y decÃa que no con la cabeza. Pero como el hombre insistÃa, acababa sacando una balanza y le ponÃa seis o siete libros. ¿No tiene alguno más gordo? Le preguntó una vez el hombre, guillándole un ojo. Y la librera cogió dos libros bien gordos y se los pesó. Mire, asà casi le hacen el kilo, solo faltan 50 gramos. El hombre de los kilos no podÃa volver a su casa con una compra que no hiciera un kilo. Asà que dijo, ¿por qué no me añade un capÃtulo de una historia de amor? Un dÃa, el verdulero, el frutero y la librera se pusieron de acuerdo para dar un par de consejos al hombre de los kilos. Primero, que tantos kilos de verduras y frutas eran excesivos para una persona sola, porque la comida, si no se come, se estropea. Y segundo, que hay cosas que se venden a peso y cosas que se venden por unidades. El hombre se lo agradeció, pero entendió lo que quiso. De manera que cuando iba a la verdulerÃa, decÃa, Póngame medio kilo de judÃas verdes, por favor. Y medio kilo de patatas, y medio kilo de pimientos, y medio kilo de nabos. Y después, cuando iba a la fruterÃa, decÃa, Hiciera medio kilo de fresas, por favor. Y medio kilo de nÃsperos, y medio kilo de kiwis, y medio kilo de albaricoques. El verdulero y frutero se alegraron de que el hombre de los kilos ya no pidiese un kilo de todo, pero pensaron que aún continuaba con la manÃa del peso. Cuando entró en la librerÃa, el hombre de los kilos miró de reojo a la librera. Cogió un libro muy gordo y lo geó. Después, cogió otro aún más gordo y se fue al mostrador. Por un momento, el hombre dudó. Se puso un poco colorado y, al final, empezó a decir, ¿PodrÃa ponerme medio kilo? Y el verdulero le dijo, ¿PodrÃa ponerme medio kilo? La librera alzó las cejas. Medio kilo de su amor, que es dulce y tierno, y me envuelve para regalo estos dos libros. Acabó diciendo de golpe. Y mira por dónde, la librera dijo que sà con la cabeza. Y vivieron juntos y fueron muy felices, sobre todo porque la mujer le enseñó que, al ir de compras, habÃa que ser más exacto y pedir las cosas por su nombre. Gracias a la librera, el hombre se quitó una manÃa de encima, pero vale la pena decir que cogió otra muy apasionada. Cada dÃa, el hombre llenaba una libreta de besos. Y si los besos se pudieran pesar, seguro que cada noche habrÃa llenado unos cuantos de estos. SubtÃtulos realizados por la comunidad de Amara.org
There are no comments yet.
Be the first! Share your thoughts.
