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Listen to RATATOUILLE by SONIA GUERRA MP3 song. RATATOUILLE song from SONIA GUERRA is available on Audio.com. The duration of song is 21:26. This high-quality MP3 track has 652.627 kbps bitrate and was uploaded on 19 May 2024. Stream and download RATATOUILLE by SONIA GUERRA for free on Audio.com ā your ultimate destination for MP3 music.










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Remy, a rat, loves cooking and dreams of becoming a chef. When his family's home is destroyed, Remy finds himself in a restaurant kitchen. He teams up with Linguini, an awkward kitchen assistant, and they create delicious dishes. Remy's talent is discovered, but he must hide his identity as a rat. Despite challenges, Remy's cooking skills impress everyone, including the famous chef Skinner. Remy's family discovers his success and they are reunited. Remy realizes that he can have both his passion for cooking and his family. Ā”AzafrĆ”n, azafrĆ”n, azafrĆ”n! rebusquĆ© entre las especias. TenĆa que encontrar el azafrĆ”n para aderezar el chapiñón con queso que habĆa preparado. Por cierto, me llamo Remy, y sĆ, soy una rata. Pero eso no quiere decir que no sepa apreciar la cocina de calidad. SĆ© cuando la comida es buena, de veras. En realidad, me encantarĆa ser cocinero. Y como dice el chef mĆ”s grande del mundo, Auguste Gusteau, cualquiera puede cocinar. Esta historia empieza la noche en la que Emile y yo entramos sigilosamente en la cocina de la casa de campo. Mientras la anciana dueƱa dormĆa. No debĆa, ya lo sĆ©, pero en fin, lo habĆa hecho cientos de veces. Nosotros, toda la colonia de ratas, vivĆamos en el desvĆ”n, y la cocina era el lugar donde estaba la buena comida. La anciana habĆa encendido la televisión, y asĆ me enterĆ© de que Gusteau habĆa muerto. Me quedĆ© paralizado. Auguste Gusteau era mi hĆ©roe. Pero luego me llevĆ© otro susto. La anciana se habĆa despertado y se proponĆa a darnos caza. Mi hermano Emile salió disparado hacia el desvĆ”n. La seƱora intentó atraparle con el paraguas. Y pronto toda la casa fue una revolución. Para colmo, el techo se hundió y toda, y con Ć©l cayó toda la colonia de ratas. VivĆamos con los barcos hacia las alcantarillas, cuando me acordĆ© de una cosa que no podĆa dejar atrĆ”s. El libro de cocina de Gusteau. RegresĆ© a la cocina y lo encontrĆ©. Lo utilicĆ© de balsa para alcanzar a mi familia, pero los rĆ”pidos de las alcantarillas me arrastraron lejos. Al amanecer, no habĆa ni una sola rata a mi alrededor. Triste y hambriento, me puse a ahogar mi libro. Entonces pasó algo extraordinario. La imagen de Gusteau parecĆa hablarme desde las pĆ”ginas. āĀ”SĆ, tienes hambre! Ā”LevĆ”ntate y busca en tu alrededor! ādijo. āPero es que acabo de perder a mi familia y a todos mis amigos ārepliquĆ©. āĀ”Ah! ādijo Gusteauā. Si solo piensas en lo que has dejado atrĆ”s, nunca serĆ”s capaz de ver lo que te espera. Cómo estaba hambriento. Hice caso al retrato. SalĆ de la alcantarilla y trepĆ© hasta un tejado. AllĆ estaba ParĆs, hermosa y magnĆfica. Incluso distinguĆ el restaurante de Gusteau. āAl parecer has encontrado mi restaurante ādijo Gusteau. CorrĆ de tejado en tejado hasta llegar al restaurante y observĆ© por el tragalud. Una verdadera cocina de gourmet ādije emocionado. āSĆ© que has leĆdo mi libro āasentió Gusteau. Vamos a ver cuĆ”ndo sabes cuĆ”l de ellos es el jefe de cocina. SeƱalĆ© un personaje bajito con un gorro muy alto. āEse es ādije. āEres una rata muy lista ārepuso Gusteau. āĀæPero y Ć©l quiĆ©n es? āpreguntó seƱalando a un muchacho que fregaba el suelo. āOh, Ć©l ādije yoā. Es un ayudante de cocina. No puedo cocinar. Sin querer, el muchacho derramó una olla de sopa. āYo siempre digo que cualquiera puede cocinar ādijo Gusteau. āBueno, sĆ, cualquiera puede, pero eso no quiere decir que deba hacerlo ārespondĆ. AhogĆ© un rito al ver que el muchacho empezaba a aƱadir agua y especias a la sopa. āĀ”No! Ā”Eso es terrible! āexclamĆ©. Ā”EstĆ” echando a perder la sopa! En aquel preciso momento, el cristal de la ventana se oyó bajo mi peso y caĆ en un fregadero lleno de agua sucia. Empapado, me arrastrĆ© a travĆ©s de la cocina. No era el lugar indicado para una rata. Demasiados seres humanos con cuchillos afilados. Al pasar al lado de la olla de sopa, me detuve. ĀæQuĆ© era aquel olor? Ā”Era espantoso! āTĆŗ sabes cómo arreglarlo āme susurró Gusteau al oĆdo. āĀ”Esta oportunidad! DeberĆa haber escapado, pero no pude evitarlo. Me lavĆ© las patitas e inspeccionĆ© todos los ingredientes que habĆa en la encimera. HabĆa hierbas, especias y hortalizas. Y conseguĆ que la sopa fuera deliciosa. Entonces, me di cuenta de que Linguini, el ayudante de cocina, me miraba sorprendido. Luego, ahĆ, a Skriner, el chef, que gritaba. āĀ”La sopa! ĀæDónde estĆ” la sopa? RĆ”pidamente, Linguini me escondió debajo de su escurridor. āĀ”QuĆtate del medio y deprisa! āexclamó Skriner. Entonces, vio el cucharón en la mano de Linguini. āĀæQuĆ© estĆ”s haciendo? ādijo. āĀæCómo te atreves a cocinar? āA hacerlo en mi cocina. Pero era demasiado tarde. La sopa ya estaba servida. Horrorizado, Skriner echó una mirada al comedor. Una mujer habĆa probado la sopa y estaba llamando a Mustafa, el camarero. āĀ”Linguini, estĆ”s despedido! ātronó Skriner. Colette, una de las cocineras, probó la sopa y la encontró buenĆsima. Mustafa vio sonriente a la clienta. āLe ha gustado la sopa mucho ādijo. Skriner se volvió hacia Linguini. āQuizĆ” haya sido demasiado duro con nuestro nuevo pinche ādijo con una agelida sonrisa. Ha asumido un riesgo importante y deberĆamos recompensarle. Como lo habrĆa hecho el chef Gusteau. VolverĆ”s a preparar esta sopa y esta vez te reservarĆ© atentamente. Pero entonces me vio en la encimera. āĀ”Una rata! āchilló. Linguini me atrapó. āĀ”MĆ”tala! āle ordenó Skriner. Linguini me llevó hasta el rĆo. Iba a lanzarme al agua. Precipificado, alcĆ© la mirada hacia Ć©l. āĀ”No me mires asĆ! ādijo. āNo eres el Ćŗnico con problemas. Quieren que vuelva a preparar la sopa. āY yo no sĆ© cocinar āsuspiró. āPero tĆŗ sĆ āasentĆ con la cabeza y vi como se iluminaba la mirada. āĀæSerĆas capaz de hacerlo otra vez? āpreguntó Esperanzado. VolvĆ a asentir y Linguini me soltó creyendo que habĆamos hecho un trato. Hubiera espavorido, pero de repente me di cuenta de que aquella era mi gran oportunidad. PodrĆa convertirme en chef, asĆ que volvĆ con Linguini. De nuevo en la cocina del restaurante, Linguini me ocultó debajo de su ropa. Intentó ayudarle a preparar la sopa, subiendo y bajando por las mangas de la caniceta. Pero hacĆa demasiadas cosquillas. Luego intentó morderle, para ver si hacĆa caso a mis indicaciones. Pero tampoco funcionó. Entonces fuimos a la habitación de Linguini para inventar un sistema. Desde la coronilla de la cabeza le tirarĆa de distintas partes del pelo, para que Ć©l moviera los brazos y las piernas. Tuvimos que ensayar, pero al final tirando un poco de aquĆ, retorciendo un poco de allĆ”, voyla, formamos un equipo de cocina. Al dĆa siguiente, en el restaurante, me escondĆ debajo del gorro de Linguini, y juntos preparamos la sopa. Ā”Quedó perfecta! Te felicito, dijo Skriner con una mirada sombrĆa. Has sido capaz de arrepentir tu Ć©xito, pero para sobrevivir en mi cocina no te bastarĆ” con saber hacer una sopa. Colette se encargarĆ” de enseƱarte cómo hacemos aquĆ las cosas. Linguini se volvió hacia Colette. Escucha, quiero que sepas lo honrado que me siento de trabajar con una... Pero Colette le detuvo. No, escĆŗchame tĆŗ, dijo con desdĆ©n. ĀæCuĆ”ntas mujeres ves tĆŗ en esta cocina? He trabajado muy duro, durante demasiado tiempo, para llegar hasta aquĆ, y no pienso arriesgarme en absoluto con un pinche con suerte. ĀæComprendido? Mientras tanto, Skriner habĆa descubierto un secreto. El restaurante serĆa suyo, si ningĆŗn heredero de Gusteau lo reclamaba antes de dos aƱos. Pero cuando Linguini llegó al restaurante buscando trabajo, entregó a Skriner una carta sellada de su madre fallecida. La carta afirmaba que Linguini era hijo de Gusteau. Linguini no lo sabĆa, y Skriner, el muy brigón, solo habĆa enseƱado la carta a su abogado, quien le habĆa aconsejado no decir nada. Al cabo de unos dĆas, Linguini y yo comenzamos a coger el tranquillo a la cocina. AdemĆ”s, Linguini empezaba incluso a congeniar con Colette. La cocinera le enseƱaba sin descanso todos los trucos del oficio, y yo no me perdĆa el detalle, y pronto empecĆ© a sentirme como un verdadero chef. Una noche, unos clientes pidieron a Mustapha, el camarero, que les sirviera algo nuevo. āĀæAlgo nuevo? ādijo Skriner, funcionando el ceƱo. āBueno, les ha gustado la sopa de Linguini ādijo Mustapha. āĀæY quieren algĆŗn plato nuevo, de Linguini? āMuy bien ādijo Skriner, y seƱaló a Linguini con el dedo. āAhora tienes la oportunidad de preparar algo digno de tu talento. Mollegas al austeado. Colette le dio la receta, mollegas con algas y corteza de sal. Realmente no sonaba demasiado apetitoso. Sin embargo, se encogió de hombros. SĆ es una receta de austeado. āĀ”Manos a la obra! ādijo Linguini, que aƱadiera ciertas especias para mejorar el plato. Luego hice que se inclinara sobre la humedante preparación para que yo pudiera olerla. Ā”Mmm! SabĆa exactamente lo que necesitaba ese plato. āĀæQuĆ© estĆ”s haciendo? āexclamó Colette. āLa receta no lleva aceite de trufa blanca. Pero tirĆ© del pelo a Linguini y le indiquĆ© que lo vertiera antes de que Mustapha se lo llevara al comedor. Colette estaba furiosa, porque Linguini no habĆa seguido la receta. Pero al cabo de un momento, Mustapha entró corriendo en la cocina. āĀ”Les ha encantado! āy otros comensales ya estĆ”n pidiendo lo mismo. Eufórico me puse a saltar bajo el sombrero. āĀ”Eso es maravilloso! ādijo Skinner, con mala cara. Pensó que Linguini fracasarĆa, porque la receta que habĆa ordenado era una de las menos exitosas de austeado. Cuando acabó el ajetreo de la cena, los cocineros felicitaron a Linguini. Colette, sin embargo, estaba triste. Le habĆa enseƱado todo lo que sabĆa. Y ahora Ć©l no le hacĆa caso. Una vez fuera, Linguini me sacó de su gorro. āToma tu descanso, pequeƱa chef. Esta noche hemos triunfado ādijo. Estaba disfrutando del pan y el queso que me habĆa guardado, cuando oĆ un crujido detrĆ”s de los cubos de basura. Era mi hermano Emile. TambiĆ©n estaba en ParĆs. Ā”Menuda coincidencia! Y alegrĆ© muchĆsimo de verle. Y le di un poco de mi excelente queso, la basura mĆ”s deliciosa que he probado nunca. Dijo Emile, āOye, papĆ” todavĆa no sabe que estĆ”s vivo. Tenemos que ir a nuestra nueva casa. āĀæTe encantarĆ”? āSĆ, pero... repuse. Deseaba realmente volver a mi antigua vida. Bueno, siempre podĆa hacerles una breve visita. Juntos nos adentramos en la oscuridad de la encantarilla. Ha descubierto la comida mĆ”s deliciosa del mundo āsigue diciendo Emile. āĀ”QuĆ© ganas tengo de contĆ”rselo a papĆ”! SerĆ” mejor que eso quede entre nosotros ādije yo. TemĆa que papĆ” no aprobara mi nueva vida. āTe hemos echado de menos ādijo papĆ” cuando llegamos al colector principal de la cloaca. Pero lo mĆ”s importante es que habĆa vuelto a casa. MirĆ” a mi alrededor y estaba celebrando una animada fiesta. Y el nuevo hogar parecĆa agradable para las ratas. Pero yo no me sentĆa cómodo allĆ. Antes de marcharme, papĆ” quiso enseƱarme una cosa. Me llevó hasta una tienda especializada en eliminar a las ratas de las casas de los humanos. Ā”QuĆ© miedo me daba! Pero seguĆ pensando que quizĆ” los humanos y las ratas llegarĆan a entenderse alguna vez. Y querĆa cocinar. Era lo Ćŗnico que deseaba realmente. De manera que regresĆ© al restaurante. Cuando lleguĆ© al restaurante de Gusteau, encontrĆ© a Linguini dormido sobre la encimera. Skin nos la habĆa obligado a limpiar toda la noche e intentar despertarle. Pero estaba demasiado cansado. Le ocultĆ© los ojos tras unas gafas de sol. Y me metĆ bajo su sombrero. Cuando Colette llegó, parecĆa que Linguini se habĆa puesto ya a trabajar. Desgraciadamente, yo no podĆa hacerle hablar. Y cuando contestó a Colette con un grosero enroquido, ella perdió la paciencia y le dio un bofetón. Linguini cayó al suelo. Pero por lo menos se despertó. Me gustabas, dijo Colette. Pero me he equivocado contigo. Se marchó furiosa. Linguini estaba destrozado. Ā”Se acabó, pequeƱo chef! Me susurró al oĆdo. Ā”No puedo seguir! Corrió detrĆ”s de ella. Y cuando estaba a punto de descubrirme, le tirĆ© del cabello y le obliguĆ© a besarla. Ā”Uf! Me habĆa librado por los pelos. Colette lo miró asombrada. Pero luego sonrió. Y, a partir de aquel momento, Linguini estuvo mĆ”s interesado por Colette que por la cocina. Los dos turtolitos salieron a toda velocidad en la moto de Colette. El viento se llevó el gorro. Y me caĆ al suelo. Ā”Ay! No sabĆa quĆ© hacer. De manera que regresĆ© al restaurante. AllĆ encontrĆ© a Emil, que me esperaba con unos amigos. HabĆan venido por comida. Me colĆ© en el despacho de Skinner en busca de la llave de la despensa. Y en un cajón vi un archivo donde ponĆa Testamento de Gusteau. Curioso, echĆ© una ojalada al documento. Y encontrĆ© la carta que decĆa que Linguini era hijo de Gusteau. No me costó mucho atar cabos. Skinner estaba intentando robar a Linguini lo que le correspondĆa por legĆtimo derecho. Ā”El restaurante! Entonces apareció Skinner. RĆ”pidamente agarrĆ© los documentos y conseguĆ escapar. Aquella misma noche se nos enseñó a Linguini. Cuando Skinner regresó a su despacho, a la maƱana siguiente, Linguini y Colette le estaban esperando. Skinner quedó despedido al momento y se marchó sin decir palabra. Ahora Linguini era el chef. Y en pocas semanas conseguimos que el restaurante se llenara de clientes. Sin embargo, para ser sincero, su nueva situación como cocinero estrella se le subió la cabeza. Entonces, una noche, Antonio Ego entró en el restaurante. Ego era el crĆtico gastronómico mĆ”s importante del mundo. El mĆ”s exigente. Y venĆa a reservar mesa para la noche siguiente. Iba a hacer una crĆtica del restaurante. Cuando Linguini entró por fin en la cocina, aquella noche, el servicio de la cena estaba retrasado. Yo estaba desgustado. Y quizĆ” le tirĆ© demasiado fuerte del pelo. Porque de repente salió corriendo de la cocina. āĀ”No soy tu marioneta! āme gritó. Luego me dejó en la oscuridad. ĀæCómo podĆa hacerme esto? DespuĆ©s de todo lo que habĆamos hecho por Ć©l, estaba muy enfadado. Entonces, cuando aparecieron Emilia y papĆ”, decidĆ dejarles que se llevaran aquella suculenta. Linguini se puso como loco cuando vio tantas ratas. āĀ”Fuera de aquĆ! āchilló. āĀ”TĆŗ y todas tus amiguitas ratas! Yo me sentĆa muy mal, porque sabĆa que se habĆa metido en un buen lĆo. No tenĆa ni idea de lo que debĆa hacer en aquella cocina. Al dĆa siguiente volvĆ al restaurante. SabĆa que Linguini necesitaba mi ayuda. Sobre todo porque Antonego iba a ir. Colette fue la primera en verme. āĀ”Una rata! āgritó. āTodos los cocineros vinieron a por mĆ. āĀ”No le toquĆ©is! āexclamó Linguini. Los cocineros se detuvieron sorprendidos. āYa sĆ© que suena increĆble ādijo con un suspiroā, pero la verdad es que yo no tengo ningĆŗn talento. Pero, en cambio, de esa rata, Ć©l me ha ayudado con todas las recetas. El cocinero ese, el verdadero cocinero. āEntonces, ĀæquĆ© me decĆs? ĀæEstĆ”is conmigo? Decepcionados, todos los cocineros se marcharon. Colette tambiĆ©n se fue. Yo estaba destrozado, pero mi padre habĆa visto cómo me habĆa protegido a mĆ una rata y decidió ayudarle. āNo somos cocineros āme dijoā, pero dinos lo que tenemos que hacer y lo haremos. De manera que, aunque cueste creerlo, toda la colonia de ratas nos echó una mano. Por supuesto. Primero tuve que pasarlos a todos por el lavaplatos y gracias a sus patines Linguini pudo servir todas las mesas, incluida la de Ego. La cocina era un hormiguero de atareadas ratas cuando, por sorpresa, Colette regresó. āHas vuelto ādijo Linguini y le dio un abrazoā. āDime solamente quĆ© quiere preparar esa rata ādijo ellaā. OjalĆ” el libro de recetas de gusteado hasta encontrar la receta del piso, ratatouille. āPero si es un plato muy sencillo ādijo Coletteā y Ego es muy sofisticado. āĀæEstĆ”s seguro? āasentĆ. Por supuesto estaba seguro y nos pusimos manos. A Ego le encantó la comida. Felicitó a Linguini, pero mi amigo le dijo que no habĆa sido Ć©l quien habĆa preparado el plato. Ego pidió entonces que le presentara al chef y Linguini le dijo que esperara hasta que se hubieran marchado todos los clientes. Cuando ya no quedaba nadie en el restaurante, Linguini y Colette me hicieron salir. Primero Ego creyó que era una broma, pero Linguini le contó toda la historia. Lentamente la sonrisa de Ego se borró de su cara y cuando Linguini terminó se levantó. āGracias por la cena ādijoā y se marchó sin mĆ”s. No estĆ”bamos seguros de quĆ© pensar. Pero la maƱana siguiente Ego publicó una crĆtica entusiasta. Escribió que yo era un nuevo inesperado artista de la cocina y me proclamó el mejor chef de Francia. Fue el dĆa mĆ”s feliz de mi vida. Ego no reveló nuestro secreto, pero Skinner sĆ. Llevaba un tiempo espiando a Linguini y me habĆa visto la noche en que encontrĆ© el tratamiento degustado, asĆ que llamó al inspector de sanidad. Linguini tuvo que cerrar el restaurante, pero no nos dimos por vencidos. Abrimos uno nuevo, la Ratatouille. Linguini es el maestro y yo dirijo la cocina con Colette. Mi familia y yo incluso tenemos nuestro pequeƱo comedor justo encima del restaurante. Ego, bueno, es nuestro patrocinador y nuestro cliente mĆ”s fiel. Cualquiera puede cocinar, incluso una rata puede convertirse en un gran chef. Fin. SubtĆtulos realizados por la comunidad de Amara.org
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