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Listen to UN ERROR CELESTIAL by MisRelatosMil MP3 song. UN ERROR CELESTIAL song from MisRelatosMil is available on Audio.com. The duration of song is 14:20. This high-quality MP3 track has 151.847 kbps bitrate and was uploaded on 14 Jan 2024. Stream and download UN ERROR CELESTIAL by MisRelatosMil for free on Audio.com ā your ultimate destination for MP3 music.










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Lucifer, a young angel, was rebellious and disobeyed the rules of the celestial court. He and his friends, Gabriel, Muriel, and Miguel, were curious and adventurous. They witnessed the creation of the world and met two creatures favored by God. Lucifer intervened when the creatures ate forbidden fruit, arguing that they needed to eat to survive. The elders condemned Lucifer to stay on Earth and try to repair the damage he caused. Lucifer now fights against fear and encourages humans to seek knowledge and improve their lives. Some angels are shocked by humanity's progress and the decline in prayers. Un error celestial. La corte celestial desde las alturas observó al joven Lucifer, que impaciente caminaba de un lugar a otro en la antesala. Desde hace un tiempo el joven mostraba una inquietud rebelde hacia las normas establecidas y eso comenzaba a inquietar a los mĆ”s altos juristas de la corte. Gabriel, Muriel y Miguel, otros jóvenes tan apasionados como Lucifer en demostrar sus mejores habilidades en las diferentes artes practicadas, durante toda una infinita existencia, ansiosos muy lejos de la corte, aguardaban el veredicto final que afectarĆa directamente a Lucifer. Aquella salida nocturna, sin avisarle a nadie, les trajo problemas a todos, en especial a los mĆ”s jóvenes. El Ć”ngel de la maƱana estaba nervioso, mas jamĆ”s arrepentido. Estaba dispuesto a pagar con su propia existencia el error cometido, pero no aceptarĆa en ningĆŗn momento ser deportado. Ese muy joven habĆa visto la creación de todo, e incluso el mismo habĆa participado en ella creando muchas cosas, seres vivos, por ejemplo, y dando vida a cosas inanimadas, dotando de brillantez a lo que lo merecĆa y opacidad a lo que no discernĆa. Con Muriel habĆan pintado las estrellas de azul, para luego tener que lavarlas, pues el consejo de ancianos no aprobó la iniciativa. Con Gabriel recorrieron grandes distancias, buscando aventuras, ahondando en lo inexplorado y satisfaciendo todas sus inquietudes. Estuvieron dispuestos a ir hasta los confines mismos de la existencia, pero, como ya era sabido, tanta iniciativa no era bien vista por los mayores, por lo que todo lo descrito por ellos, lo visto y lo palpado, no fue considerado para nada al tĆ©rmino de esos tiempos. Con Miguel la cosa fue diferente. Durante un breve tiempo, junto a Lucifer, probaron sus mejores espadas y lanzas, escudos y habilidades guerreras, sacaban chispas y truenos en cada torneo, pero estas cosas fueron mal evaluadas, y decidieron separarlos durante un buen tiempo, al uno del otro. Cuando llegó el tiempo de reencontrarse, los cuatro en algo habĆan cambiado, pero Lucifer, a pesar del tiempo transcurrido, continuaba siendo el mismo de antes, inquieto, curioso y muy, pero muy desobediente. AsĆ fue que, mientras los cuatro estuvieron ausentes, Dios creó el cielo y la tierra, y todo lo que en ella ahora se encuentra. Llegado el tiempo de regresar de sus exilios forzados, vieron que varias cosas habĆan cambiado, y otras tantas habĆan sido creadas por deleite del Creador, y asĆ de pronto, como despertando de un letargo casi infinito, se vieron inmersos en un mundo nuevo, en un edĆ©n extraƱo y desconocido, e igualmente desafiante para sus nuevos sentidos. Sin saber lo que es respirar y caminar, mirar y escuchar, oler y sentir, utilizar sentidos jamĆ”s experimentados, vieronse inmersos en un mundo nuevo y distante a todo lo conocido por ellos, lejano a la propia existencia misma. En medio de ese mundo nuevo, al poco tiempo de hallarse en tan bello y extraƱo lugar, se acostumbraron a poder oler la hierba y a disfrutar los colores y las mĆ”s variadas formas de todo lo que les rodeaba. Descubrieron que ellos y sus esencias ya no eran las Ćŗnicas criaturas que comenzaban a habitar ese tan hermoso lugar, por el contrario, otras ya aporulaban por esos parajes, y dos de ellas, al parecer, eran las favoritas del Creador. Con el paso del tiempo se fueron acostumbrando a todas ellas, hasta que, durante una jornada exploratoria, tuvieron la oportunidad de conocerlas, y se hicieron amigos de esas dos criaturas casi similares a ellos, pero diferentes en muchos aspectos. Miguel, desde un comienzo, se contentó con mirarlas desde lejos. DespuĆ©s de un tiempo sin encontrar nada especial en ellas, decidió volver a lo suyo, resguardar las fronteras del cielo y de la tierra, y no dejar que extraƱos anduvieran por ahĆ sin permisos. Gabriel, a diferencia de Miguel, no se contentó con observarlas desde lejos. Pasado un tiempo, pudente, conversó con ambas criaturas, y no encontró divina inteligencia que le fuera a preocupar, por lo que tambiĆ©n volvió a lo suyo, y continuó entregando mensajes por todas partes, pues esa era su labor. Muriel, al igual que Miguel, los observó desde lejos, pero, en las noches, mientras ambos seres dormĆan, muy sigilosamente se les acercaba y auscultaba sus mentes, utilizĆ”ndose un sensible don de interpretar los pensamientos a travĆ©s del sueƱo. Pasó mucho tiempo haciendo lo mismo hasta que, apoyando su cabeza en la de ambos, lo que escuchó en pensamientos no fue de su agrado. Estuvo un tiempo observĆ”ndolos, y despuĆ©s de un tiempo decidió dejarlos tranquilos. Los pensamientos deberĆan depurarse solos, como lo hacen las plantas y sus semillas. Lucifer no interferió en ningĆŗn momento. Al igual que los otros, los observó desde lejos, pero cuando algo se decĆa entre ellos, la curiosidad le hizo acercarse para poder escuchar. Y lo que escuchó no fue de su agrado, por el contrario, fue algo terrible. Al saber lo que esos dos conversaban, decidió intervenir para mejorar lo inmejorable, y ese fue su error. En medio del jardĆn, los dos mejores Ć”rboles rebosaban de frutos deliciosos, y ambas criaturas soƱaban comprobarlas apenas pudieran hacerlo. Muriel sabĆa sobre eso, pues, con sigilo y en pensamientos, los habĆa escuchado durante noches enteras, pero como buen sabio que era, confió en la depuración del pensamiento por sĆ solo. Las malas ideas e intenciones solas han de desaparecer. El consejo de ancianos dejó de sesionar. La corte exigió la presencia de Lucifer de inmediato, y el joven desobediente, al saberse interpelado por los mayores, con paso firme se decidió a subir hasta la corte celestial. āĀæQuĆ© hiciste, Lucifer, con esas dos criaturas? āpreguntó uno de los arcĆ”ngeles mayores del trono celestial. āNada, nada, hermano mayor, respondió el hermoso joven con voz firme y confiada, caracterĆsticas propias de quien se sabe seguro de sĆ mismo. āEsas dos criaturas de Leven osaron desobedecer a nuestro padre, y tomaron frutos de uno de los Ć”rboles prohibidos, dijo otro Ć”ngel, y se hallaba sentado sobre una nube. āEra inevitable, contestó el joven prĆncipe, el hambre no sabe de obediencias ni de respeto, es un derecho de toda criatura al momento de ser creada, saciar el hambre es asegurar la propia existencia de quien tiene hambre, y en este lugar creado significa preservar la vida. ĀæQuĆ© sabes tĆŗ de la vida, si solamente existes gracias a tu padre creador? āSolamente sĆ© que esos dos perecĆan de hambre. āPero los instantes a desobedecer, afirmó el arcĆ”ngel mayor con tono severo. āSĆ, sĆ, asederó el joven Lucifer, eso es cierto, pero Āæde quĆ© sirve crear criaturas si no les proporcionamos alimento? āpreguntó el bello Ć”ngel. āEllos no necesitan alimentos, respondió el mĆ”s anciano de todos los arcĆ”ngeles ahĆ presentes. āLa gracia es el alimento que nos da vida eterna, por lo tanto, la gracia les basta para existir, afirmó el anciano. āEsas criaturas aparte de existir, contestó Lucifer, viven y existen, viven limitadamente, pues con esa condición fueron creadas, y sus existencias dependen de la vida misma y no de la existencia. āPara ellas, dejar de vivir es dejar de existir, reflexionó el joven Lucifer. āLa gracia estĆ” en cada uno de ellos, sentenció el anciano, no les corresponde mĆ”s alimento que la gracia misma que nuestro padre ha depositado en ellos. āĀ”QuĆ© ciegos, quĆ© ciegos sois vosotros!, aseveró el joven, Āæno sabĆ©is acaso que de esas dos criaturas otras tantas nacerĆ”n para engrandecer la creación de nuestro padre? āĀ”CĆ”llate! āgritó uno de los zafetzefarines que observaban desde una nube. āNo te justifiques con aseveraciones merodramĆ”ticas, y sentenció de manera clara el castigo que el joven deberĆa asumir. āDesde ese momento, dijo el serafĆn, eres sentenciado a quedarte entre ellos, experimentarĆ”s eso que llamas vida de una manera eterna. ExistirĆ”s entre ellos mientras busques la manera de reparar lo malo que has hecho, hasta que la obediencia vuelva a ser en ellos un estado de gracia permanente, como nuestro padre quiere, hasta que el daƱo causado por tus consejos sea mitigado con la obediencia a todos los preceptos que en el alma de cada uno de ellos ha sido puesta. Fue en ese momento que Lucifer fue declarado. Fue sentenciado a permanecer en este mundo sin mĆ”s consuelo ni abrigo que su propia verdad y existencia. Desde entonces Lucifer busca la manera que todos nosotros seamos obedientes a los preceptos del Creador, claro que a su manera. De mil formas nos crea situaciones complejas para que rectifiquemos nuestras malas prĆ”cticas en un sinfĆn de cosas. Nos insta a descubrir la gracia que el Padre ha puesto en cada uno de nosotros, pero a pesar del tiempo transcurrido, son muy pocos quienes lo han logrado. Algunos cronistas aseguran que Miguel, Uriel y Gabriel cada cierto tiempo bajan desde los cielos para conversarle, para aconsejar lo respecto a nosotros mismos, pero ellos saben muy bien que su joven amigo tiene razón y no les pondrĆ” atención mientras no reconozcan que mĆ”s que obediencia hacia el Creador, saciar las hambrunas serĆa lo mejor, acabar con las enfermedades, las hierras, las mentiras y un sinfĆn de cosas mĆ”s que asustan, pero como suele ser siempre, a travĆ©s del miedo se puede controlar todo y a todos, y es eso lo que Lucifer combate en esta tierra, el miedo. Miguel, Uriel y Gabriel subieron hacia los cielos para dar su informe al Consejo, y el supremo trono de Ćrgeles y ArcĆ”ngeles quedaron escandalizados. La ciencia de los hombres comenzaba a escudriƱar todo lo que era su entorno, comenzaba a definir conceptos y a realizar experimentos. HabĆan desarrollado una tecnologĆa que ya los habĆa llevado a la luna, y sus intenciones eran ir mĆ”s allĆ”. Lucifer habrĆa sembrado en esas criaturas eso que llaman curiosidad, y dĆa tras dĆa eran mĆ”s y mĆ”s hombres y mujeres que se adherĆan a esas nuevas ideas, y lentamente, desde lo alto, comprendieron que dĆa tras dĆa cada vez menos oraciones y rezos se recibĆan, pues muchas necesidades ya comenzaban a ser cubiertas gracias al comercio, las importaciones, el dinero, etc. ĀæQuĆ© has hecho, Lucifer?, se preguntaban todos por allĆ” en lo alto de los cielos. Un dĆa, el Ć”ngel caĆdo subió a lo alto de un cerro. Desde ahĆ contempló el mar, el inmenso mar, tan grande como el infinito mismo. ĀæQuĆ© ganas de volver allĆ” arriba?, se dijo, mientras elevaba su mirada al cielo. Y desde arriba, desde muy arriba, Dios lo estaba observando y pensó para sus adentros. Pobrecitos, ya estĆ”n tomando el peso de lo que ha hecho. Le darĆ© otra oportunidad, y ordenó a sus mĆ”s leales Ć”ngeles que vinieran a la tierra y lo llevaran de vuelta. Fue asĆ como los mĆ”s leales Ć”ngeles de Dios no regresaron, no volvieron a subir a los cielos, por el contrario, se quedaron todos acĆ”, entre nosotros, pues comprendieron que la mejor manera de perfeccionar la creación es ayudar al Creador a mejorar las cosas. Y, como dice Lucifer, echando a aprender se aprende. Y asĆ, desde hace mucho tiempo, ese joven prĆncipe celestial intenta ayudarnos de mil maneras diferentes, y sus amigos hacen lo mismo. Claro que, en vez de hacer de este mundo algo mejor, cada vez hay mĆ”s guerras, hambrunas, robos, enfermedades, y todo a nombre de la ciencia, la conquista del espacio, la carrera espacial, abrir nuevos mercados, y todas esas cosas que a todos nos mantienen cagados de mil maneras.
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