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Listen to Episodio 37 by Judith MP3 song. Episodio 37 song from Judith is available on Audio.com. The duration of song is 12:51. This high-quality MP3 track has 119.415 kbps bitrate and was uploaded on 12 Aug 2024. Stream and download Episodio 37 by Judith for free on Audio.com – your ultimate destination for MP3 music.










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A supernatural entity appears in a house with a hidden treasure, causing tragedy for a family. The narrator's grandmother encounters a mysterious man who offers her gold coins in exchange for a task. The grandmother agrees and the unsettling experiences stop for a while. However, when they move to a new house, strange occurrences continue, including the sighting of a shadow at noon and the appearance of monkeys and skulls. The grandmother believes there is something in the house and tries to dig it up, but is unable to. They eventually leave the house and the grandmother seeks help from a priest. Prayers are said and the disturbances cease for a time. The grandmother continues to have paranormal experiences throughout her life. The narrator shares this story and encourages listeners to make their own judgments. una entidad sobrenatural que se hace presente en una casa con un oscuro tesoro escondido, destinado a desatar tragedias a una familia. Hola qué tal amigos, bienvenidos a otro episodio más de este su podcast Crónicas de lo Inexplicable. La historia del dÃa de hoy es una de las tantas historias que mi abuelita materna le tocó experimentar. Pónganse cómodos y disfruten de esta historia 100% real. Mi mamá tenÃa 9 años cuando mi abuelita se habÃa vuelto a casar. VivÃan en una casa en Ciudad de México, en el municipio de Nezahualcóyotl. En aquel entonces habÃa apenas unas cuantas casas. Como todo estaba despoblado, se podÃa ver a lo lejos una gran avenida, la avenida Chimalhuacán, que estaba más o menos a una milla de la casa, que son 1.6 kilómetros más o menos. Mi mamá solÃa jugar en el Porsche o Tejabán en frente de su casa. Un dÃa mientras ella jugaba con sus hermanos, vio a lo lejos un señor que venÃa caminando hacia la casa con un morralito tejido de ixtle, con ropa de manta, unos guaraches de llanta y un sombrero. Cuando llega le dijo a mi mamá, vengo buscando a la señora Dolores, o sea a mi abuelita. Mi mamá entró a la casa a hablarle a mi abuelito. Este salió y le dijo al señor, ¿qué se le ofrece? ¿Para qué la busca, amigo? El señor le dice, le traigo un recado. Mi abuelito le dice a mi mamá, trae un vaso con agua para el señor y él le acercó una silla para que se sentara. Mi mamá entró a la casa, salió con el vaso con agua y cuando se lo da, alcanzó a ver que el señor sacaba del morralito unas monedas grandes, doradas, y se las estaba enseñando a mi abuelito. Este las agarró y aunque mi mamá no escuchó de qué hablaban, se le quedaron muy grabadas, ya que éstas eran grandes y brillantes, más o menos del tamaño de una galleta. Después de un rato, mientras el señor conversaba con mi abuelito, éste se levanta y se despide. Mi mamá agarró el vaso y mi abuelito la silla para acomodarla. Cuando voltean, el señor ya no estaba. Los dos se preguntaron a dónde se habÃa ido. Salieron a ver y no habÃa nadie. Se les hizo muy extraño, porque no habÃan pasado ni 20 segundos. Prácticamente se habÃa desvanecido. No habÃa rastro de él, ya que no era posible que hubiera llegado a la carretera en tan pocos segundos. Cuando mi abuelita llega, mi abuelito le contó lo de este señor. Al parecer tenÃa un mensaje especÃfico para ella. El señor traÃa unas monedas de oro que serÃan para mi abuelita, a cambio de que ella hiciera una manda. Esa manda consistÃa en comprar siete sirios o siete veladoras, para llevarlos a una iglesia en especÃfico. Pero esos sirios tenÃan que ser comprados con dinero de limosnas o con dinero de alguna aportación de alguien más. Como mi abuelita era católica de hueso colorado, estaba decidida a pedir dinero para comprar los sirios, ya que decÃa que de seguro el señor que habÃa ido en misteriosas circunstancias a su casa estaba relacionado con un incidente que por años ella experimentó. Alguien o algo le susurraba en el oÃdo cosas, cosas que ella no lograba entender, y que ella misma renegaba de eso. SolÃa hacer corajes diciéndole, ¿qué quieres? Ya déjame en paz, no entiendo lo que me dices. Eso sucedió por mucho tiempo, y ella siempre se referÃa a eso como el muerto que se le subÃa y le susurraba en el oÃdo. Todos en la familia solÃan escucharla decir que ya estaba harta del muerto, que se le subÃa y le hablaba, pero ella no le entendÃa nada. DecÃa que conseguirÃa ese dinero para comprar los siete sirios y llevarlos a esa iglesia para que la dejara de molestar, que no le importaba lo de las monedas, con que la dejara en paz con eso se daba por bien servida. Consiguió el dinero e hizo la manda, llevó los sirios a la iglesia. Pasaron alrededor de dos años y al parecer esos susurros pararon, pero al ellos mudarse a una casa en un rancho que tenÃa mi abuelito, en un pueblo cerca de Guanajuato, casa donde mi abuelito habÃa vivido con su primera esposa y donde ella murió dando a luz. Mi abuelita al llegar dijo inmediatamente, aquà espanta, mi mamá la escuchó decirle eso a mi abuelito. Mi abuelita les contaba que a las 12 de la tarde entraba una sombra, incluso mi mamá la llegó a ver en una ocasión y era exactamente a la misma hora. Se veÃa la silueta de una persona pasar y se desvanecÃa en una esquina de una de las habitaciones de la casa, donde habÃan unos velices metálicos. Uno de mis tÃos decÃa que de la cocina salÃan unos changos y se metÃan abajo de la cama donde él dormÃa. Otro de mis tÃos veÃa unas calaveras. Mi mamá dice que ella nunca vio nada, que mis tÃos le decÃan, mira, mira, ahà están, ahà están. Mi mamá no veÃa absolutamente nada, pero sà logró escuchar en una ocasión el ruido metálico de esos velices, justo donde mi abuelita decÃa que se desvanecÃa la sombra. HabÃa unos árboles de jacarandas y que al parecer también ahà era donde uno de mis tÃos le decÃa a mi mamá que ahà estaban los changos. Como mi mamá no veÃa nada, mi tÃo le decÃa, ¿cómo que no los ve? Si ahà están, mÃralos, tienen los ojos rojos, pero mi mamá nunca los vio. Asà como la sombra pasaba a las meras 12 del dÃa, también se le veÃa regresar a las meras 6 de la tarde, antes de oscurecerse. Todos le decÃan a mi abuelita que qué afán de estar al pendiente de la sombra, y mi abuelita decÃa que no era solamente la sombra, sino que también sentÃa una presencia. En esa casa el piso era de tierra y habÃa que humedecerlo con un poco de agua, era lo que se usaba antes. Mi mamá me cuenta que todos los dÃas amanecÃa un cÃrculo como cuando dibujas con un dedo en la arena. Por lo general mandaban a mi mamá y a una de sus hermanastras a traer agua para tomar y cocinar. Un dÃa cuando regresan de traer el agua, su hermanastra puso el cántaro en el piso, ahà justo en el lugar donde siempre se dibujaba ese cÃrculo, mientras mi abuelita cocinaba y hacÃa tortillas. Sin más ni más ella voltea y dice ¿qué pasó? Mi mamá y sus hermanos no se explican a lo que mi abuelita se referÃa. Voltean y ven que el cántaro estaba quebrado en pedacitos. Sólo quedó el aro, o sea la boca del jarro, justo encima de donde se formaba ese cÃrculo. Y lo más extraño fue que no se escuchó ningún ruido al momento que se quebró, pues el material era un tipo de arcilla o barro. Se debió haber escuchado al momento de quebrarse. Mi abuelita decÃa ven, no estoy alucinando, algo hay aquÃ, hay que bendecir la casa. Consiguió un señor que sabÃa cómo hacer limpias y armonizar casas. Él llegó con incienso y empezó a hacer la limpia, pero en cuanto entró a la cocina dijo aquà hay algo, justo donde estaba ese cÃrculo. Dijo aquà hay dinero, hay que escarbar, pero si se escarba hay que pagar un precio, porque nada es gratis. Al escuchar esto mi abuelito dijo, esto es para Lola, o sea mi abuelita. El señor de las monedas que vino a darle el recado, esto es de lo que él hablaba. El hermano de mi abuelito y dos tÃos empezaron a escarbar justo donde siempre aparecÃa ese cÃrculo, y mientras ellos hacÃan eso, mi abuelita rezaba, pues estaba muy temerosa. Cuando ya llevaban casi el metro de profundidad, se percatan de que hay algo. Se ve claramente que es un contenedor metálico o algo por el estilo. En eso mi tÃo dijo, ya fregamos, y cuando trató de jalar aquello, se quedó con la agarradera en la mano, y ya no pudieron seguir escarbando, porque la tierra tenÃa raÃces. La tierra estaba dura y totalmente compactada, que por más que trataron, ya no se pudo escarbar más. Mi abuelita dijo, no, no, esto es una señal, vámonos, dejen eso asÃ. Después de este evento, se fueron de esa casa, pues mi abuelita ya no quiso vivir ahÃ. Pasaron unos años y un dÃa salió la plática acerca de esos changos que mi tÃo veÃa. En su momento no se dijo nada, pues ellos tenÃan miedo. Mis dos tÃos, el que veÃa los changos y el que veÃa las calaveras, nunca se lo dijeron a mi abuelita, ya que pensaban que los tacharÃan de locos. Cuando mi abuelito se enteró de esto, dijo, esos changos siempre han estado ahÃ, desde que vivÃa Catalina, o sea, su primera esposa, la que murió en el parto en esa casa. Dice mi abuelito que él la escuchaba a ella, a su esposa, que los mencionaba, y esto lo corroboró su hijo mayor, también la escuchó decir lo mismo, pero su esposa le decÃa que ella no era, que ella no le hablaba. Esto confundÃa mucho a mi abuelita, entonces decide ir con un sacerdote y contarle todo esto. El sacerdote le dijo que no hiciera caso, que eso que él escuchaba no era su esposa, que era un demonio tratando de confundirlo. Mi abuelita se entera de todo esto, fue a la iglesia, a la misma donde llevó los siete sirios y le contó al padre toda la historia. El padre le pidió que hiciera unas oraciones para que sea lo que fuera descansar en paz y que protegiera su casa. Estas oraciones funcionaron por un tiempo, pues mi abuelita toda su vida fue perseguida por todo tipo de entidades, no importaba dónde estuviera, pues ella tenÃa esa sensibilidad de ver o sentir cosas, pero esas son otras historias. Recuerden amigos que yo sólo transmito las historias que ustedes me hacen llegar, yo no trato de convencerlos de creer en nada, juzguen ustedes, son los que tienen la última palabra. Espero que la historia les haya parecido interesante. No olviden seguirme en las diferentes plataformas de podcast Spotify, Apple y Amazon Music, donde recibirán notificaciones cada vez que salga un nuevo episodio. SÃganme en mis redes sociales Instagram, TikTok y YouTube como unexplained.enigma. Mi Facebook, Chronicles of the Unexplained, Twitter, Unexplained Page, donde comparto fotos, vÃdeos y contenido de Ãndole paranormal. Gracias y nos escuchamos en el próximo episodio.
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